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close this bookControl de Vectores con Posterioridad a los Desastres Naturales (OPS; 1982; 104 paginas) [EN] [FR]
View the documentSalud para todos en el año 2000
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open this folder and view contentsCapítulo 7: Culex quinquefasciatus y otros mosquitos que constituyen molestias
open this folder and view contentsCapítulo 8: Moscas, roedores y otros vectores
open this folder and view contentsParte III: Consultores
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Lucha contra el mosquito Aedes aegypti

En condiciones ideales, las poblaciones de Aedes aegypti se combaten con medidas estrictas de saneamiento del medio y con un abastecimiento de agua por tubería que elimine gran parte de los habitats de la especie creados por el hombre. En el período que sigue a los desastres, la interrupción del abastecimiento de agua obliga a la gente a almacenarla en recipientes, con lo que aumenta el número de esos habitats.

Las medidas de emergencia contra Aedes aegypti adoptadas a raíz de desastres naturales serán más o menos adecuadas según la presencia o ausencia de dengue o fiebre amarilla en la zona y según la densidad de las poblaciones del vector. Como ya se ha indicado, los habitats de las larvas pueden ser arrastrados o destruidos durante un desastre. Sin embargo, las lluvias durante un desastre o después de éste pueden crear nuevos habitats de larvas. En cualquier caso, pasarán varias semanas antes de que las poblaciones de mosquitos alcancen la densidad necesaria para la transmisión de enfermedades. Ese lapso será suficiente para iniciar actividades ordinarias de lucha y para que los equipos de saneamiento eliminen o vacíen los posibles habitats de larvas. Las oportunas actividades de educación sanitaria harán que el público colabore en la campaña de reducción de focos, sobre todo teniendo en cuenta que la participación de la comunidad es a voces intensa a raíz de desastres. Ello será un factor básico de todo programa eficaz de prevención de enfermedades transmitidas por Aedes aegypti.

Lucha contra las larvas

Si existe un riesgo inmediato para la salud antes de la aparición de mosquitos adultos en número apreciable, conviene proceder a la reducción de focos. El buen éxito de las campañas de este tipo dependerá de la disponibilidad de personal, de la organización y disciplina de éste y del tratamiento completo de los posibles habitats de larvas. Para la organización básica de una campaña, puede consultarse el Manual de operaciones para un servicio de erradicación de Aedes aegypti de la Organización Panamericana de la Salud.

Hay dos insecticidas utilizables para tratar los recipientes de agua potable: temefós al 1% (AbateR) en gránulos y metoprene (AltosidR) en pastillas. En muchas partes del mundo se ha utilizado el temefós como larvicida durante algunos años. Sus efectos suelen durar de uno a tres meses; es recomendable un ciclo de tratamiento de ocho semanas. La dosis de temefós para tratamiento es de 1 ppm. Puede objetarse el gusto que adquiere el agua tratada, pero cabe conseguir su aceptabilidad mediante las oportunas actividades de educación popular.

El metoprene, regulador del crecimiento de los insectos, se ha empezado a comercializar hace poco. Es inodoro e insípido y se considera inocuo para el tratamiento del agua potable. Se ha utilizado con buenos efectos en Tailandia, Indonesia y Venezuela. Debe consultarse la etiqueta para determinar la dosis adecuada de pastillas, que existen en diversos tamaños. Dado que los efectos del metoprene duran menos que los del temefós, quizá sea necesario un ciclo de tratamiento de cuatro semanas.


En Venezuela, un grupo del servicio de lucha antivectorial monta el equipo de aplicación de insecticidas en volúmenes mínimos (AVM). (Foto: J. Moquillaza)

Los insecticidas a base de temefós y de metoprene son utilizables para tratar los recipientes de agua destinada a animales. Sin embargo, en muchos casos no hará falta hacerlo porque el frecuente cambio del agua basta para impedir la proliferación del mosquito.

Hay otros insecticidas o fórmulas para los habitats de larvas que no están a proximidad inmediata del hombre. Como medida provisional pueden tratarse las latas y otros recipientes, antes de desecharlos, con concentrados para emulsiones y polvo dispersable en agua, aplicados con pulverizadores de compresión accionados a mano y automáticos. Además de insecticidas como fentión, temefós, pirimifós-metilo, malatión, fenitrotión, clorpirifós y metoxiclor, cabe emplear también aceite diesel, queroseno y aceites de marca registrada contra mosquitos. Deben consultarse en la etiqueta del producto la dosis de aplicación y las recomendaciones sobre seguridad. Dado que algunos de los productos son muy tóxicos para los mamíferos, los operarios deben observar estrictamente las precauciones indicadas. Es esencial prevenir accidentes toxicológicos o ecológicos puntualizando bien la dosis que ha de utilizarse y los lugares que se deben tratar.

Exterminación de mosquitos adultos

Los esfuerzos por combatir las poblaciones de Aedes aegypti adulto en las viviendas con rociamientos de acción residual no suelen ser eficaces porque solo un 10% de los insectos se encuentran posados en las paredes en determinado momento: la mayor parte de ellos se encuentran en vestidos, cuadros, colchas, postes de mosquiteros y otros objetos. Además, el rociamiento de acción residual es lento. En consecuencia, el procedimiento es de eficacia dudosa para combatir el mosquito Aedes aegypti en zonas urbanas. Sin embargo, puede ser de gran utilidad en los campamentos de desplazados, donde cabe utilizar pirimifós-metilo, malatión, resmetrina y piretroides sinergizados. También en este caso deben seguirse estrictamente las instrucciones del fabricante.

La combinación de operaciones de exterminación de adultos y de larvas permitirá reducir más rápidamente las poblaciones. Para mejorar la cobertura cabe emplear equipo moderno de aplicación, particularmente en los siguientes casos: 1) cuando el dengue o la fiebre amarilla tiene carácter endémico en la zona o epidémico a proximidad de ésta; 2) cuando ya está en marcha un programa contra Aedes aegypti basado en el uso de ese equipo y ha permitido combatir eficazmente las poblaciones de mosquitos; y 3) cuando el programa de exterminación de larvas es ineficaz.

El problema que plantea el uso de equipo moderno es logístico. En efecto, cuando no es fácil conseguirlo, puede pasar mucho tiempo antes de su llegada. Los vehículos suelen estar sumamente ocupados a raíz de un desastre y, a menos que sea inminente una epidemia transmitida por vectores, se los dedica a atenciones más urgentes que la de transportar equipo moderno. Otros problemas planteados por el empleo de éste, sobre todo en los programas recientes, es la falta de personal competente, la organización inadecuada y la tendencia a hacer demasiado con equipo y recursos insuficientes. Ello no quiere decir, sin embargo, que el uso de equipo moderno presente solo aspectos negativos; puede tener efectos psicológicos benéficos y, por otra parte, el sistema de aplicación de aerosoles en volumen mínimo y nebulizaciones térmicas es rápido y eficaz.

Algunas compañías fabrican equipo terrestre y portátil para rociamientos espaciales (véase el Anexo IV). Deben seguirse las instrucciones del fabricante para el empleo, mantenimiento y calibrado de ese equipo. Generalmente, las aeronaves empleadas en trabajos agrícolas son adaptables para uso con fines de salud pública.

La nebulización térmica es el más antiguo de los dos métodos existentes de rociamiento espacial. Para esas nebulizaciones existe equipo montado en vehículos y portátil. El segundo no se debe emplear en el interior de las viviendas porque presenta el riesgo de incendio. Las máquinas para el uso en el exterior son ruidosas y, además, la nebulización puede representar un riesgo para el tráfico. Existen además los inconvenientes representados por la necesidad de adquirir y transportar grandes cantidades de aceite inactivo para dispersión y por la posible descomposición térmica de los insecticidas. Pese a esos problemas, el sistema es corriente y de eficacia aceptable. La aplicación de nebulizaciones térmicas de clorpirifós, fentión, fenitrotión, malatión, naled y piretroides constituye un medio prometedor de combatir el mosquito Aedes aegypti. Para las concentraciones, dosis y precauciones en la manipulación deben seguirse las recomendaciones del fabricante.

En situaciones de emergencia pueden montarse dos nebulizadores térmicos portátiles en un vehículo que sirve como unidad móvil. Las poblaciones de Aedes aegypti suelen disminuir bruscamente a las pocas horas de nebulización; sin embargo, los adultos reaparecen al cabo de un día o dos. En consecuencia, los planes de tratamiento deben ajustarse adecuadamente.

El uso de equipo para aplicación de dosis y volúmenes mínimos de insecticidas sin diluir o parcialmente diluidos ha registrado un aumento constante. Las aplicaciones en volúmenes mínimos son rápidas y eficaces contra Aedes aegypti. Además, resultan menos onerosas que la nebulización térmica porque el costo del disolvente y de su transporte queda eliminado.

Han dado buenos resultados muchos programas de lucha con dispositivos montados en vehículos para aplicación de aerosoles en frío y en volúmenes mínimos, que pueden obtenerse de diversas compañías (véase el Anexo IV). Se han empleado clorpirifós, fentión, fenitrotión, malatión, naled, pirimifós-metilo y piretroides como el resmetrín. Aunque esos dispositivos son inicialmente onerosos, resultan utilizables durante varios años. El generador se monta en un vehículo, cuyo tipo dependerá del estado de las carreteras; cabe optar entre vehículos pesados, con tracción delantera y trasera, vehículos ligeros, de dos ruedas, etc.

Debe señalarse que por carretera no se puede llegar a todos los sitios de cría y de reposo del mosquito Aedes aegypti. En consecuencia, habrá que contar también con equipo portátil o de mochila para aplicación en volúmenes mínimos. Ese equipo se puede obtener de diversos fabricantes (véase el Anexo IV). La eficacia de ese material se aproxima a voces a la de las aplicaciones en volumen mínimo, mientras que en otros casos se trata simplemente de modificaciones de la boquilla para nebulizadores. Estos últimos dispositivos se emplean mucho en agricultura y pueden ser útiles en situaciones de emergencia. Con el equipo portátil, las dosis tienden a ser excesivas pero se ha observado que ello produce un efecto residual a corto plazo que puede ser ventajoso en las condiciones creadas por los desastres. Deberá haber, por cada pieza de equipo, dos operarios que trabajen en turnos de veinte minutos. Se dotará al personal de guantes, máscaras y vestidos protectores. Los uniformes se mudarán cada día, lavándolos después del uso y, de ser posible, se harán mensualmente determinaciones de la colinesterasa en todo el personal.

La aplicación desde el aire en volúmenes mínimos es muy rápida y ha dado resultados satisfactorios. Así ha ocurrido en Puerto Rico, México, Trinidad, Bahamas, Honduras y Jamaica con las campañas para combatir el mosquito Aedes aegypti con ocasión de epidemias de dengue. Ahora bien, el buen éxito de la aplicación dependerá de la pericia del personal. La aplicación desde el aire en volúmenes mínimos se puede encargar, por contrata, a compañías especializadas; éstas suelen emplear avionetas bimotores que permiten transportar el insecticida a grandes distancias. Dado el tamaño relativamente grande de esas aeronaves, puede tratarse una superficie grande cada vez. Es preferible escoger compañías que tengan experiencia en rociamientos con fines de salud pública. Los pilotos deberán estar adiestrados para efectuar las aplicaciones a las velocidades y altitudes adecuadas.

Para la aplicación en volúmenes mínimos también se pueden utilizar las avionetas monomotores y los helicópteros de dispersión de insecticidas y herbicidas con fines agrícolas. Los reglamentos de aeronáutica civil limitan a veces el empleo de esas aeronaves, pero generalmente pueden autorizarse excepciones en casos de emergencia. Ha de tenerse en cuenta que cuando se trata de aplicar productos antivectoriales en volúmenes mínimos, las avionetas permiten una cobertura por acre/hectárea mucho mayor que cuando se las utiliza para dispersión de plaguicidas en agricultura. En consecuencia, los costos serán diferentes. También debe señalarse que el piloto habrá de ponerse al tanto previamente de la aplicación de insecticidas con fines sanitarios, porque el método es distinto que en el caso de la agricultura.


Los nebulizadores de mochila, como este que se ensaya en Venezuela, son útiles para erradicar poblaciones adultas de A. aegypti, especies de Culex y vectores de malaria, especialmente cuando los criaderos y los lugares de reposo son inaccesibles por carretera. (Foto: J. Moquillaza)

Los insecticidas utilizables para aplicación desde el aire en volúmenes mínimos son malatión, fenitrotión, naled, pirimifós-metilo y resmetrín. A menos que haya indicios de resistencia o que puedan conseguirse más fácilmente otros insecticidas, la formula de malatión recomendada para volúmenes mínimos es 219 ml/ha-440 ml/ha (de 3 a 6 oz.). Generalmente hace falta un tratamiento múltiple para conseguir resultados eficaces; una evaluación entomológica permitirá determinar la frecuencia del tratamiento. Cuando ello no sea posible, el insecticida se aplicará semanal o bisemanalmente, hasta que la población de mosquitos adultos sea insignificante.

Es importante seguir las instrucciones de la etiqueta sobre el empleo del equipo y del insecticida. Además, hay otros factores de los que debe estar al tanto el personal para emplear el equipo sin riesgo y eficazmente. Una consideración es el tamaño de las gotas de insecticida. Cuando éstas son demasiado pequeñas, tienden a desviarse de la zona a tratar y pueden constituir un riesgo para las personas que las respiran; cuando son demasiado grandes, los residuos del insecticida pueden deteriorar la pintura, por ejemplo de automóbiles. Las boquillas para el equipo de aplicación desde el suelo en volúmenes mínimos habrán de producir gotas de 5 a 27 micrones como mínimo. En el caso del malatión, el diámetro medio mínimo (DMM) no excederá de 17 micrones. Esos límites cambian cuando el insecticida se aplica desde el aire. Para el malatión, las boquillas habrán de producir gotas de menos de 50 micrones (DMM), y para el naled de menos de 30-80 micrones (DMM).

La velocidad y las condiciones atmosféricas son importantes cuando se aplican insecticidas desde vehículos terrestres. El vehículo no habrá de desplazarse a más de 16 km por hora, y la aplicación deberá interrumpirse cuando la velocidad del viento sea superior a ésa o cuando la temperatura del aire exceda de 28°C. Conviene efectuar la aplicación a primera hora de la mañana (06:0()08:30 horas) o a la caída de la tarde (17:00-19:30 horas). Sin embargo, para combatir las plagas de Culex y de otras especies de mosquitos se puede trabajar hasta bien entrada la noche.

La información de que debe disponerse para la aplicación de insecticidas desde el aire variará según el tipo de aeronave, el insecticida y el equipo utilizados. En el caso del malatión, la altitud deberá ser de 30 a 65 m y la velocidad de la aeronave, de 160-260 km por hora. La anchura de las bandas de aspersión variará según la altitud. Es preferible efectuar la operación a primera hora de la mañana. Las temperaturas habrán de ser inferiores a 27°C y la velocidad del viento no superior a 16 km por hora. Además, conviene que haya inversión de temperatura, es decir, que la del suelo sea más baja que la del aire.

Las precauciones a adoptar con el pequeño equipo portátil son una mezcla exacta de combustible y verificación de que no hay fugas de combustible y de que el motor no se calienta excesivamente. En las publicaciones sobre lucha antivectorial pueden encontrarse más detalles acerca del empleo de equipo para rociamientos espaciales.

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