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close this bookSalud mental para victimas de desastres - Manual para trabajadores (OPS; 1999; 90 paginas) [EN]
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Enfrentamiento y adaptación

Enfrentamiento

Es aquella conducta que protege a la persona contra el estrés interno y externo. Esta conducta implica adaptación, defensa y control.

Otros conceptos interrelacionados que ayudan a explicar la conducta de los damnificados es el enfrentamiento y la adaptación. En esta sección se analiza el significado del enfrentamiento de la crisis, la relación de la misma con el estrés y los sistemas de apoyo sociales y emocionales, así como los elementos de la conducta de enfrentamiento tendientes a la adaptación.

La conducta de enfrentamiento nos protege de la descompensación psicológica y fisiológica; suele incorporar respuestas de acción, pero también procesos de evaluación cognoscitivos, emocionales y perceptuales. Para resolver la crisis, la persona puede tratar de cambiar la fuente de estrés o redefinir la situación de amenaza en función del significado o gravedad del problema. Además, la persona trata de encontrar la forma de acomodarse y transigir, por ejemplo, mediante la aceptación pasiva, la negación, las creencias religiosas o en el destino.

La conducta de protección por lo general sigue tres caminos:

 

1. La alteración de las condiciones que producen respuestas de estrés doloroso.

 

Ejemplo:

“Dr. Brown, si usted insiste en que me quede en el hospital unas horas más, seguiré su consejo, aunque yo creo que debería irme a mi casa para ver qué le hizo el huracán.”

 

2. La redefinición del significado de la experiencia productora de estrés, a fin de disminuir su importancia.

 

Ejemplo:

“Tuvimos suerte de que no se muriera ningún miembro de nuestra familia y que sólo unos pocos quedaron heridos cuando se cayó el techo.” O bien, “qué suerte que el terremoto fue a las cuatro y media, cuando las carreteras estaban vacías”.

 

3. La manipulación de las consecuencias emocionales, a fin de que queden dentro de límites manejables.

 

Ejemplo:

“Me da vergüenza quejarme de los daños de mi casa cuando otros perdieron mucho más.”

MECANISMOS DE ENFRENTAMIENTO

La conducta de enfrentamiento tiene la finalidad de prevenir, retardar, evitar o controlar la tensión y el estrés. Esta conducta no es inusual o rara; en realidad, toda la gente la emplea en algún momento.

Casi todos aprenden formas peculiares de enfrentar el estrés y si bien éstas varían, es usual que correspondan a pautas de conducta de:

 

• Evitación.
• Alteración.
• Manejo.
• Prevención.
• Control de la expresión emocional inapropiada.

Los mecanismos de enfrentamiento pueden tomar tres rumbos diferentes:

 

1. El individuo puede intentar cambiar la fuente de tensión o estrés; esto supone conocimientos y percepción de sus causas. La atención se enfoca en cambiar la situación antes de que surjan tensión o estrés. El objeto de esta estrategia es evitar una situación amenazante.

 

Ejemplo:

“Ya es hora de que abandonemos la casa.”

 

2. El individuo puede intentar redefinir las situaciones a fin de controlar el grado de estrés y reducir o amortiguar sus repercusiones. Esta es la manera en que se manejan el significado y la gravedad del problema. Las funciones cognoscitivas y perceptuales son importantes en este proceso. La redefinición le permite al individuo pensar que el problema no es tan importante como para preocuparse. Esto puede hacerse mediante comparaciones que llevan a la conclusión de que la situación podría ser peor o, de manera selectiva, hacer caso omiso de lo negativo y enfatizar lo positivo.

 

Ejemplo:

“Esta tormenta parece estar amainando y no va a causar daños graves.”

 

3. Las respuestas de enfrentamiento pueden ser un intento por controlar el estrés, a fin de que el individuo pueda seguir funcionando con la mayor normalidad posible. En esencia, esta acción es un esfuerzo para mantener el estrés dentro de límites tolerables y producir una adaptación a éste sin sentirse abrumado. Esta tercera estrategia abarca una serie de respuestas, tales como negación, retraimiento, aceptación pasiva, optimismo excesivo, evitación o incluso hasta pensamiento mágico, entre otras.

 

Ejemplo:

“Dr. Ross, tan pronto se seque el yeso, creo que podría empezar a ayudar a otros heridos; siempre me ha gustado sentirme útil.”

Las finalidades del enfrentamiento son:

 

• Contener la dificultad dentro de limites que la persona pueda tolerar.
• Conservar la autoestima.
• Preservar las relaciones interpersonales.
• Aceptar las condiciones de las nuevas circunstancias.

Habilidades positivas de enfrentamiento

• Orientar la propia personalidad de manera rápida.
• Planificar medidas decisivas.
• Movilizar los mecanismos de solución de problemas en urgencias.
• Aprovechar la ayuda debidamente.
• Manejar de manera simultánea las dimensiones afectivas de la experiencia.
• Expresar emociones dolorosas de modo apropiado.
• Reconocer el dolor, pero evitar obsesionarse con los sentimientos problemáticos.
• Confeccionar estrategias para transformar la incertidumbre en riesgo manejable.
• Reconocer la necesidad de depender más de lo normal y pedir, aceptar y utilizar la ayuda.
• Tolerar la incertidumbre sin recurrir a la acción impulsiva.
• Reaccionar frente a los desafíos ambientales y reconocer su valor positivo para el crecimiento.
• Usar defensas y maneras de aliviar la tensión no destructoras, a fin de manejar la ansiedad.

La conducta de enfrentamiento de crisis es una reacción frente al estrés y la tensión que sirve para defender al individuo contra daños emocionales incapacitantes.

El estrés abrumador siempre se relaciona con crisis y es el malestar emocional que se siente al experimentar problemas persistentes o demandas excesivas. Emana de las presiones inusuales, poco comunes o inesperadas; por ejemplo, el temor a someterse a una intervención quirúrgica o a los efectos de un desastre natural. El estrés se relaciona con un evento o situación concretos y difiere de la ansiedad o depresión, que también son reacciones ante los eventos traumáticos.

Habilidades negativas de enfrentamiento

• Uso de la negación excesiva, retraimiento, reclusión, evitación.
• Uso frecuente de la fantasía, prueba de la realidad deficiente.
• Conducta impulsiva.
• Furia y venganza en individuos más débiles y chivos expiatorios.
• Conducta excesivamente dependiente (evitando la separación) y contradependiente.
• Incapacidad de la persona de evocar en los demás el deseo de cuidarla.
• Supresión de emociones, lo que produce el síndrome de “desaliento-desamparo-renuncia”.
• Uso de conductas hiperritualistas sin propósito.
• Fatiga y regulación deficiente del ciclo descanso-trabajo.
• Adicciones.
• Incapacidad para utilizar los sistemas de apoyo.

El enfrentamiento se entrelaza con los recursos sociales y emocionales de la persona. El carácter de la matriz social del individuo, es decir, la red de relaciones interpersonales con parientes, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y grupos pequeños facilita o, en caso contrario, dificulta e impide la resolución. Es a este sistema social al que las personas recurren en primer término en busca de apoyo, comprensión o ayuda para solucionar sus problemas.

El enfrentamiento también depende de las herramientas emocionales o psicológicas de la persona, es decir, sus características en lo que se refiere a virtudes y defectos. Estos recursos abarcan la aptitud de la persona para transmitir su autoestima y su capacidad para tolerar el desasosiego sin descompensarse ni agobiarse.

La habilidad para comunicarse facilita la expresión del problema y proporciona los medios para pedir ayuda para resolverlo. La autoestima se refiere a la opinión positiva que tiene el individuo acerca de sí mismo; su ausencia indica el desprecio de sí mismo.

Las estrategias de enfrentamiento se basan en un conjunto de estructuras complejas de pensamientos y conductas, a fin de producir reacciones idóneas ante un problema, para evitar que las respuestas internas sigan siendo dolorosas. Si un individuo no puede lograr este fin, la reacción puede ser perjudicial.

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