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close this bookSalud mental para victimas de desastres - Manual para trabajadores (OPS; 1999; 90 paginas) [EN]
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Pérdida y duelo

Las reacciones de pérdida, duelo y aflicción son conceptos sumamente útiles en el trabajo con damnificados. Aunque el análisis de las pérdidas suele enfocarse en la muerte, en la etapa posterior al desastre puede abarcar también:

 

• Destrucción de bienes materiales.
• Desempleo repentino.
• Deterioro de los procesos físicos, sociales o psicológicos.

PROCESO DE DUELO DESPUÉS DEL DESASTRE

La aflicción es una respuesta natural, reflexiva, psicológica que empieza en la infancia después de una pérdida de cualquier clase. Ésta forma parte del proceso de recuperación y depende de la intensidad y carácter de la pérdida, así como de la situación de la persona.

Duelo y aflicción

La reacción que produce la pérdida, en especial si se trata de la muerte de alguien importante o de la destrucción de objetos simbólicos en la vida emocional de la persona.

Las barreras que impiden el proceso de aflicción y duelo son:

 

• La satisfacción inadecuada de las necesidades básicas de la infancia.

• Múltiples pérdidas anteriores.

• El carácter de la relación con la persona desaparecida; por ejemplo, ambivalencia, dependencia excesiva o conflictos no resueltos.

• Las circunstancias de la pérdida súbita; es decir, si fue violenta o si no se puede recuperar al cadáver.

• Los valores culturales como “hacerse el fuerte, sin llorar”.

Muchos profesionales han llamado la atención hacia el proceso de cinco pasos del duelo por el que pasan las víctimas de los desastres:

 

1. Negación.
2. Furia/ira.
3. Negociación.
4. Depresión.
5. Aceptación/resignación.

Estas cinco etapas no siempre ocurren, ni lo hacen siempre en un orden determinado. Sin embargo, las etapas y su orden están sujetas a la influencia decisiva de la personalidad y actitud general de la persona hacia la vida. La intervención terapéutica ayuda a la persona en duelo a progresar en el proceso, si “se atasca” o tiene problemas para resignarse.

Los procesos de duelo, aflicción y luto incluyen elementos cognoscitivos que con frecuencia se expresan en forma de síntomas físicos o psicológicos. El proceso empieza con el reconocimiento y aceptación de la pérdida. El individuo necesita aceptar la realidad intelectual y emocionalmente.

Cuando solamente se produce una aceptación intelectual de la pérdida, las probabilidades de desadaptación emocional aumentan.

El proceso de duelo hace que la persona pase sucesivamente por las etapas de choque emocional, aflicción aguda y resignación. En el camino, suele padecer molestias físicas o volverse más susceptible a las enfermedades; quizá se retraiga y se vuelva apático, es factible que se vuelva más hostil hacia los demás o se aísle por completo.

Una reacción predominante es una defensa intensa de negación; es decir, las víctimas parecen preocuparse por actividades o conversaciones que no incluyen la mención de la pérdida. Esta reacción tardía al parecer facilita la resolución de emociones incontrolables.

A fin de comprender la función del luto, es importante examinar la calidad de las relaciones personales interrumpidas por la pérdida. Un alto porcentaje de los dolientes no supera la etapa de impotencia y “resignación”. A su vez, esto precipita diversos grados de depresión, incluida la interferencia en todas las funciones de toma de decisiones necesarias para que el damnificado pueda reorganizar su vida. A raíz de esta incapacidad para afrontar todas las interacciones humanas y burocráticas necesarias para obtener recursos de los organismos de socorro, la sensación de crisis se intensifica. La continuación e intensificación de la aprensión de los damnificados frente a la crisis, da lugar a una espiral descendente que lleva a una falta de energía, depresión, pasividad, pérdida de autoestima y conducta de desamparo.

En última instancia, la forma en que una víctima se enfrenta a los problemas durante un periodo de estrés emocional influye en el hecho de que ésta surja de la crisis con una susceptibilidad más intensa a los trastornos mentales o con mayores probabilidades de mejorar sus habilidades de resolución de crisis después del desastre.

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