Home page  |  About this library  |  Help  |  Clear       English  |  French  |  Spanish  
Expand Document
Expand Chapter
Full TOC
Preferences
to previous section to next section

close this bookSalud mental para victimas de desastres - Manual para trabajadores (OPS; 1999; 90 paginas) [EN]
View the documentPrefacio
View the documentObjetivos
View the documentIntroducción
open this folder and view contentsCapítulo 1. Resumen histórico y papel de la salud mental
open this folder and view contentsCapítulo 2. Contenido básico de salud mental
open this folder and view contentsCapítulo 3. Etapas del desarrollo de la conducta del damnificado
close this folderCapítulo 4. Programas de intervención para damnificados
View the documentEstablecimiento de un programa de intervención para damnificados
View the documentConsulta y educación
View the documentIntervención y orientación en crisis para damnificados
open this folder and view contentsCapítulo 5. Poblaciones con necesidades especiales
View the documentSalud mental para víctimas de desastres
 

Intervención y orientación en crisis para damnificados

Orientación en crisis

Técnica de intervención que restaura la capacidad de los damnificados para manejar y resolver las situaciones estresantes en que se encuentran y les ayuda a reordenar y reorganizar su mundo. Enseñanzas acerca de las emociones abrumadoras que producen las situaciones de estrés después de los desastres, a fin de ayudar a los damnificados a recuperar la confianza en su propia capacidad y la esperanza.

OBJETIVOS DE BÚSQUEDA Y ASISTENCIA INMEDIATA

• Aporte de enseñanzas e información acerca de los recursos disponibles para que reorganicen sus vidas.

• Ayuda en la identificación de sentimientos ambivalentes, aceptación de necesidades, solicitud de ayuda y aprobación del apoyo de consejeros.

• Ayuda con asignación de prioridades a las necesidades, obtención de recursos y aumento de la capacidad personal para resolver las prioridades concretas que se identifiquen.

• Oportunidad de participar y sentirse parte del grupo.

• Suministro de un método estructurado para percibir determinados problemas, observaciones de sí mismos, conducta y emociones intensas mediante la ayuda para comprender, definir y ordenar los acontecimientos del mundo, considerado éste en su sentido más amplio.

El método de búsqueda y asistencia inmediata puede ser el comienzo para relacionarse con la intervención de salud mental. En dichas situaciones, búsqueda y asistencia inmediata pueden seguirse por orientación en crisis.

El objetivo de la intervención psicológica después del desastre es aliviar la aflicción emocional o la desorganización cognoscitiva del damnificado, o ambas, además de ofrecer experiencias correctivas y suministrar información apropiada. El orientador en crisis puede ayudar a los damnificados a interpretar las emociones abrumadoras que experimentan, a fin de que comprendan la naturaleza reactiva de sus sentimientos, para que recuperen la confianza en su propia capacidad y la esperanza.

Los elementos específicos de la intervención en crisis, así como búsqueda y asistencia inmediata son:

 

• Reorientación y adaptación al periodo de transición social.
• Evaluación de la red de apoyo.
• Determinación del funcionamiento cognoscitivo y emocional, nivel de ansiedad, reacciones depresivas, temor e ira.

Durante la primera fase de intervención después del desastre, la actividad principal es el proceso de búsqueda activa de víctimas. Esta técnica de “primeros auxilios” ayuda a los damnificados a reorientarse y adaptarse a su nueva realidad transitoria. El método de búsqueda y asistencia inmediata es el primer paso indispensable para que un damnificado empiece a resolver la sensación de agobio por los sucesos del desastre.

Si bien los damnificados necesitan ayuda para enfrentar la realidad y decidir qué es lo que ha sucedido, lo que está pasando, y lo que acontecerá en el futuro, hay que tener mucha cautela para no debilitar las defensas psicológicas que empleen. Estos mecanismos de defensa, que le dan al damnificado una sensación personal de que conserva el control, consisten en negar la gravedad de una lesión, pérdida o trauma, y cierta incertidumbre con respecto al evento catastrófico.

Asimismo, aunque las expresiones de conmiseración ayudan, no hay que reforzar o recompensar el papel de víctima. Hay que promover y movilizar las partes más sanas de la personalidad del damnificado para mejorar su capacidad de “resistir” por el momento.

Es menester evaluar las reacciones emocionales del damnificado para decidir qué atención se ha de prestar a la situación y evaluar los niveles de ansiedad, depresión, temor e ira. Hay que movilizar todos los recursos del sistema de apoyo y las responsabilidades de la vida cotidiana pueden repartirse entre los miembros de la familia.

El mismo consejero en crisis debe buscar un equilibrio entre descanso y trabajo. Además, deben promover redes para mejorar sus propios sistemas de apoyo y prevenir el “agotamiento”. Los consejeros en crisis siempre deben tratar de facilitar la expresión y la comprensión de las emociones dolorosas que forman parte de todas las fases de recuperación.

El entorno donde los damnificados están físicamente ubicados es una variable importante que afectará la elección de la intervención psicológica. La rapidez con que entran y salen grandes grupos de damnificados en los albergues y los pocos trabajadores adiestrados en la atención en crisis, hace importante que los trabajadores comprendan las repercusiones de su interacción. Esta situación transitoria debe, por consiguiente, moldear el tipo de intervención que se utilice.

METAS Y OBJETIVOS DE LA ORIENTACIÓN EN CRISIS

Fomentar el dominio de la conducta de resolución de crisis obliga al consejero de salud mental a promover la acción dirigida a las “incógnitas” producidas por el cambio de ambiente. Las medidas apropiadas consisten en ayudar a los damnificados a seguir los procedimientos del albergue temporal, a esperar noticias sobre los acontecimientos después del desastre o a enfrentar la falta de información sobre el paradero de otros miembros de la familia.

Además, el consejero de salud mental puede proporcionar orientación al damnificado acerca de dónde concentrar sus esfuerzos. Es fundamental comunicarle que puede albergar una esperanza y transmitirle una actitud de interés y confianza en las probabilidades de un desenlace satisfactorio.

A continuación figuran los objetivos concretos de la intervención en crisis:

 

• Identificar los problemas generados por el desastre y las dificultades que plantea la necesidad del cambio.

 

Ejemplo:

Ayudar a los damnificados a adaptarse a la posibilidad de que no puedan volver a su casa y tengan que pasar mucho tiempo en un refugio de urgencia.

 

• Hacer una lista de opciones y estrategias encaminadas a la acción.

 

Ejemplo:

Explicar a los damnificados que en unos días se les proporcionará una lista de opciones de procedimientos para obtener recursos y de las alternativas para solucionar su situación vital.

 

• Elaborar un árbol de decisiones y los pasos para llevarlas a cabo.

 

Ejemplo:

Elegir a una persona para que ayude de manera permanente a los damnificados, o introducir un equipo de trabajadores de socorro que esté a disposición de las víctimas.

 

• Poner en operación las opciones.

 

Ejemplo:

Explicar las múltiples operaciones del refugio a los damnificados y “mostrarles” cómo funciona cada una.

 

• Adoptar medidas para resolver los problemas de los damnificados y conocer su reacción con respecto al desenlace y las consecuencias.

 

Ejemplo:

Conversar con los damnificados acerca de los problemas que enfrentarán cuando abandonen el refugio y preguntarles cuál es su reacción.

GUÍAS PARA LA INTERVENCIÓN

Evaluar las necesidades de salud mental de los damnificados en un entorno de asistencia posterior al desastre puede ser un asunto complejo. El ambiente es sombrío, el tiempo es corto y no se tiene acceso a los métodos de actividades comunes. En medio de esta confusión, los trabajadores en crisis necesitan evaluar el estado o condición mental y emocional de los damnificados y decidir cómo se afectarán sus capacidades para tratar de resolver sus problemas inmediatos y si es necesario de remitirlos para que obtengan ayuda profesional.

El consejero debe considerar pautas que lo ayuden a tomar decisiones acerca del tipo y nivel apropiados de actividad que pueden realizar los damnificados. Por otra parte, las intervenciones deben programarse en función de las posibilidades de que sean inmediatas o se retrasen, además de que dependen del estado emocional de los damnificados y la dotación del personal de urgencia.

A fin de evaluar el funcionamiento del individuo, el consejero en crisis debe investigar los siguientes factores de riesgo que dan indicios de las reacciones emocionales:

 

• Madurez psicosocial o inmadurez en la personalidad del damnificado.

• Función que cumple el estrés con respecto a las perspectivas sociales de desempeño, ajuicio de los damnificados y de otras personas que vivan con ellos, dentro o fuera del refugio temporal.

• Estrés ambiental persistente con respecto a las condiciones sociales y físicas, incluidas intervenciones tales de tipo médico, el reasentamiento, falta de intimidad.

• Crisis accidentales en la vida del damnificado, antes o después del desastre, que lo afecten a él o a sus seres queridos.

PRINCIPIOS EN QUE SE BASA LA INTERVENCIÓN EN CRISIS

Es necesario preparar al damnificado para la orientación e intervención en crisis después del desastre. El consejero de salud mental lo logra a través de la información que precisa para planear la intervención, al demostrar su capacidad y credibilidad, al describir el plan de intervención psicosocial y al obtener la cooperación del damnificado en el plan.

El consejero debe analizar las actitudes y expectativas del damnificado acerca de la intervención, para después pasar a la etapa de colaboración. Con base en este análisis, el consejero en crisis formula de manera tentativa el problema, el plan de acción o ambos.

Los consejeros en crisis deben familiarizarse con diversos modelos y elegir la combinación más apropiada según las características del problema. Los objetivos son aliviar la aflicción emocional o la desorganización cognoscitiva, o ambas, así como señalar experiencias e información correctivas al damnificado.

Es de suponer que los damnificados son capaces de resolver sus propios problemas después de que se les ayuda a identificar las barreras para las soluciones o a reorientar su conducta hacia la exploración de soluciones nuevas. En un inicio, los damnificados pueden traspasar la dependencia del consejero como un mecanismo para obtener su confianza. Por lo general, se debe aconsejar con cuidado, aunque esto no impide que se informe a los damnificados acerca de los asuntos pertinentes con respecto a los cuales no tengan información o que estén equivocados con el fin de que solucionen mejor sus problemas.

La comunicación en la entrevista inicial suele ser difícil, ya que muchas veces los damnificados manifiestan maneras distorsionadas de comunicarse, a causa de su intensa angustia y su desorganización cognoscitiva. También es frecuente que se pongan a la defensiva. Para que el consejero tenga éxito en el establecimiento de una comunicación irrestricta, depende de su capacidad general para lograr que el damnificado confíe en éste y en sí mismo.

Los damnificados necesitan ayuda para resolver la crisis actual, provocada por el desastre. Hablar del “aquí y ahora” sirve para establecer una relación, para que el consejero proporcione retroalimentación u opciones para la solución de problemas, y ayuda a que el damnificado analice formas realistas de avanzar hacia la solución de los mismos.

En otras ocasiones ciertos análisis de los métodos de solución de problemas empleados por el damnificado pueden servir para comprender la manera en que enfrentará la situación actual. El significado y simbolismo que incluyen las respuestas psicofísiológicas de la persona a los acontecimientos presentes, dependen en gran parte de las experiencias anteriores. Por consiguiente, el recuerdo parcial del pasado puede ayudar a comprender la manera en que la víctima percibe los problemas que enfrenta y las opciones aceptables en función de su propio sistema de valores. La interpretación que vincula emociones o conductas que los damnificados no relacionaban entre sí, suele ser terapéutica. Esto permite que las personas encuentren un sentido a emociones que no estaban claras al ponerlas en perspectiva, y aumenta su sensación de dominio y control.

Es indispensable reforzar las acciones positivas y recordar a los damnificados sus aptitudes y habilidades personales en la solución de problemas. Es importante concentrarse en las aptitudes personales que estén funcionando de manera satisfactoria y no sólo en las deficiencias o maneras patológicas de resolver sus problemas.

La finalidad de la intervención es producir un cambio en la capacidad del damnificado para solucionar problemas, la cual se ha debilitado a raíz de las condiciones desastrosas. De manera específica, el estado mental de los damnificados se caracteriza por las siguientes manifestaciones:

 

• Expresan sentimientos de disminución de la confianza en sí mismos y no pueden recordar su capacidad pasada para superar los episodios traumáticos. Se sienten abrumados por las circunstancias externas posteriores al desastre, además de sus propios sentimientos y pensamientos confusos, los cuales surgen como reacción frente al mundo nuevo, desagradable y poco familiar.

• Creen que el fracaso será el resultado de todas sus experiencias traumáticas y de crisis, lo que sirve para fortalecer sus sentimientos de culpa y vergüenza como parte de la regresión adaptativa.

• Tienen resentimiento porque otras personas en quienes confiaban parecen no ayudarles o no están dispuestas a ello. La conducta de respuesta de dichas personas, entre las que se cuenta el personal multidisciplinario, puede causar auténticamente irritación, en virtud de sus expectativas con respecto a que los damnificados expresen agradecimiento, en vez de que sientan que tienen derecho a los servicios. La propia fatiga y frustración del consejero en crisis añade a menudo un círculo vicioso entre los damnificados, sus familiares y los trabajadores.

• Dependen cada vez más de otras personas por falta de una retroalimentación que evite disminuir su autoestima. Esto crea un distanciamiento cada vez mayor entre el damnificado y los sistemas de apoyo potencial.

• Pierden la fe en los valores de grupo y en opiniones que sostenían o en sus compañeros, lo que, en el pasado, les daba una sensación de seguridad y significado en el mundo. Los damnificados necesitan ayudar para restablecer y reordenar su fe.

El objetivo principal de la intervención en crisis es ayudar a que los damnificados adquieran una sensación interna de orden y perspectiva, de modo que puedan organizar su propio ambiente conforme reciben ayuda para procesar las emociones dolorosas e intensas que acompañan al periodo posterior al desastre. Otro objetivo es ayudar a los damnificados a buscar, adquirir y aprovechar los recursos de los organismos de asistencia para la recuperación para que los ayuden a reordenar su mundo y durante el proceso se sientan cómodos, seguros y con confianza en sí mismos.

TIPOS DE INTERVENCIÓN SEGÚN LAS FASES POSTERIORES AL DESASTRE

Primera fase: Actividades triage, debriefing y primeros auxilios

El objetivo primordial de la primera fase es reducir el estrés. Las urgencias psicológicas requieren evaluación inmediata y rápida de la conducta de la persona. Los datos de que se dispone para tomar decisiones son mínimos, además de que el tiempo y la energía humana son limitados. Las habilidades y conocimientos que se necesitan para tratar múltiples problemas pueden parecer abrumadores.

La situación de urgencia no sólo exige una nueva función del trabajador en crisis, sino que implica también ciertos tipos de intervención que pueden clasificarse con el concepto de selección o triage.

Las operaciones de selección en casos de desastre son los procedimientos que utilizan los miembros del equipo y otros trabajadores en crisis para evaluar la conducta, calibrar el grado y nivel de la crisis, así como para suministrar información. Estos conocimientos se transmiten al equipo asistencial para que planifiquen la ayuda, de modo que puedan aliviar la situación inmediata y las reacciones psicofisiológicas de los damnificados, dejándolos ventilar sus sentimientos y compartir sus experiencias.

Inmediatamente después del desastre, los damnificados pueden estar desorganizados emocionalmente durante un lapso transitorio. La desorganización cognoscitiva afectará la atención y concentración, el nivel de interés y participación, la capacidad para dejar de obsesionarse con la catástrofe, la capacidad de aprendizaje para absorber la información que proporciona el personal y recordar las aptitudes disponibles para solucionar los problemas. El objetivo terapéutico debe ser ayudar a que los damnificados reduzcan al mínimo los efectos de la desorganización y reforzar su dominio cognoscitivo. Deben ponerse en práctica procedimientos para que las víctimas se sientan más competentes y sigan siendo conscientes mediante el relato de sus historias y la validación de su sufrimiento.

Estas son las esferas de ayuda psicológica que sirven para manejar la desorganización cognoscitiva:

 

• Ayudar a los damnificados mediante el reforzamiento de su nuevo mundo social, por ejemplo, al demostrar la forma de programar el tiempo y planear el espacio y al reconocer la organización práctica de su vida diaria.

• Fortalecer la conciencia de que las reacciones sociales de la persona son apropiadas y enseñarle las reacciones normales después de un trauma. Muchos damnificados creen que “se están volviendo locos” porque observan los cambios en su conducta social.

• Ayudar a que los damnificados identifiquen las relaciones causales realistas entre los acontecimientos y las reacciones y discutirlas de manera individual o en grupos (éste es uno de los objetivos del método de debriefing, diseñado por primera vez para todo el país, después del huracán Mitch en Honduras en 1998, conformado por un componente educativo y por compartir reacciones emocionales traumáticas).

Con respecto al manejo de la desorganización emocional, el consejero de salud mental debe ser capaz de evaluar con rapidez el tipo y las cualidades del efecto predominante, por medio de la interacción social con los damnificados. Los principales efectos que se advierten en la fase inicial son tristeza, temor e ira, los cuales se manifiestan en múltiples formas y con intensidad muy variable. Algunas veces, su expresión es intensa, mientras que otras se reprimen y su expresión es defensiva, como por ejemplo, compostura fingida, calma y dependencia pasiva.

Durante la etapa de selección y primeros auxilios, el trabajador no debe tratar de modificar estas conductas defensivas. Constituyen una especie de recuperación psicológica inicial, la cual conserva el funcionamiento de la personalidad durante la fase aguda. Aunque estas conductas encubren las emociones, el trabajador no debe alterar la expresión de las emociones encubiertas hasta que llegue el momento y el sitio adecuados, cuando éste pueda permanecer con la víctima para velar por que se dé un proceso de recuperación de cierta estabilidad emocional.

Entre los objetivos de la intervención con damnificados albergados en refugios figuraría ayudarles a conseguir su comodidad física, una organización cognoscitiva creciente y una especie de control emocional. Esto sirve para disminuir su sensación de impotencia, su conducta indecisa o regresiva y su convicción de que son incapaces de resolver problemas. Con ello, mejora su confianza en su capacidad personal, su autoestima, su flexibilidad para considerar soluciones alternativas y su capacidad para tolerar la confusión y la información contradictoria, las cuales son características de esta primera fase de atención.

Con el paso de los días, los consejeros de salud mental que intervienen en las crisis deben definir prioridades para la acción, como ayudar a mejorar la orientación de las víctimas, reforzar su enfrentamiento con la realidad y ampliar sus sistemas de apoyo. También deben surgir en los refugios otros sistemas de apoyo de facto en el grupo de damnificados.

La gran variedad de recursos disponibles debe organizarse de manera que se satisfagan las necesidades concretas de los damnificados, sean materiales o psicológicas. El personal de intervención en crisis puede movilizar la ayuda idónea al observar la forma en que se conducen los damnificados o el trato que reciben. Esto requiere un tipo especial de técnica que le permite al trabajador enterarse directa y personalmente a través de los damnificados de lo que perciben como necesidades inmediatas. El trabajador luego puede colaborar con personal de otros organismos y movilizar recursos para que los damnificados se sientan atendidos, en vez de desesperados, impotentes y desvalidos.

Segunda y tercera fases

En la medida en que se reubica a los damnificados de los refugios a vivienda temporal y después a sus hogares reconstruidos, surge una etapa nueva de duelo y crisis. Esto requiere un repertorio creciente de actividades de intervención de salud mental, que incluyen la intervención en crisis con el objetivo de lograr la resolución de la misma, y ayudar con las reacciones depresivas que surgen como respuesta al “segundo desastre”.

Las actividades terapéuticas pueden ayudar a lograr algunos de los siguientes objetivos al apoyar a los damnificados:

 

• Impartir enseñanza y suministrar información acerca de la ayuda disponible.

• Ayudar a identificar los sentimientos ambivalentes relacionados con el reconocimiento de las necesidades y la solicitud y aceptación del apoyo de los trabajadores.

• Ayudar a interactuar en el plano cognoscitivo, al asignar prioridades a las necesidades, aceptar consejos acerca de cómo obtener información y aumentar la capacidad de adaptarse a la desarticulación de sus vidas.

• Proveer un método estructurado para percibir determinados problemas, observaciones que hagan los propios damnificados, pautas de conducta y emociones intensas mediante la ayuda para comprender, definir y ordenar los acontecimientos del nuevo mundo.

Una vez que se logran estos objetivos, es posible separar cada problema y hacer sugerencias para resolverlos. Al mismo tiempo, se ponen en perspectiva diversas esferas de la realidad cognoscitiva, emocional, conductual y social como un primer paso para comprender lo que sucede.

Todas estas actividades son preparatorias para otras ulteriores. Si los damnificados necesitan y aceptan la ayuda que les brinda el orientador en crisis y situaciones de urgencia, se encaminan de manera natural a los métodos ahora aceptados de terapia y asistencia en crisis durante varias semanas. Si es preciso, se les remite a otro grupo de salud mental.

REACCIONES FRENTE A LOS ANIVERSARIOS

Las familias informan que al cumplirse otro año de la fecha del desastre vuelven a surgir recuerdos relacionados con sus emociones. En general, los medios de comunicación refuerzan estos recuerdos al publicar las imágenes del evento. La aflicción puede oscilar desde revivir el trauma hasta evocar el duelo no resuelto. Para los damnificados que han sufrido pérdidas significativas, el duelo sigue en curso un año después. Para aquellos damnificados que se enfrentaron a situaciones anormales después del desastre, el aniversario también puede proporcionarle la oportunidad de continuar la recuperación.

PLANIFICACIÓN PREVENTIVA DE LAS REACCIONES FRENTE A LOS ANIVERSARIOS

Los consejeros en crisis deben estar preparados y prever un aumento de las solicitudes telefónicas de ayuda para obtener orientación adicional. Muchos damnificados descubrirán que la orientación telefónica y el apoyo para identificar sus emociones como reacciones sanas era todo lo que necesitaban. Otros requerirán mayor asistencia y remisión.

El día del primer aniversario del desastre, es posible que los trabajadores mismos se estén preparando para volver a casa de sus familiares, por lo que es posible que les resulte difícil separar sus propios sentimientos de las reacciones de los damnificados. Los trabajadores necesitarán apoyo de colegas con más experiencia y de sus supervisores.

Al considerar el contenido de las pautas anteriores, el programa de intervención de salud mental puede organizarse en dos campos principales de actividades asistenciales. El primero es la intervención directa, cara a cara, con las familias que se albergaron en los refugios durante la etapa aguda de la urgencia. Al guiarse por los conocimientos de las fases cronológicas y la manifestación secuencial de los fenómenos de las crisis, el consejero puede identificar y organizar varios métodos destinados a ayudar a los niños y a sus familias durante las fases del aniversario de la crisis, la resolución y adaptación. El segundo campo se centra en las actividades en la comunidad, puesto que las familias se reinstalan en una vivienda temporal o permanente, lo que puede significar un cambio total de vecindario o redes de apoyo de otras personas. En esta situación cambian las fases de resolución de la crisis y habrá que recurrir a diferentes procedimientos de intervención en crisis, así como a individuos y a organizaciones de apoyo a las comunidades.

El objetivo de la asistencia en salud mental para familias durante el periodo de aniversario es el uso eficaz de intervenciones que: 1) restauren la capacidad del niño al nivel de funcionamiento propio de su etapa de desarrollo y lo ayuden a manejar la situación de estrés en qué se encuentra él mismo y 2) ayuden a la familia a reorganizar su mundo para que pueda brindar un apoyo adecuado de crianza al niño.

La consulta con organismos de atención infantil que les ayuden a prever las dificultades cerca del aniversario, ofrece oportunidades amplias de asistir a las familias y a los niños traumados por un desastre. Los empleados de las escuelas son colaboradores importantes que ayudan a los niños a resolver la crisis a largo plazo en la etapa posterior al desastre.

BIBLIOGRAFÍA

American Red Cross, Disaster Mental Health Services I, 1995.

Caplan G. The Theory and Practice of Mental Health Consultation. New York: Basic Books, 1970.

Cavenar JD, Spaulding JG and Hammett EB. “Anniversary Reactions.” Psychosomatics; 1976;17(4): 210-212.

Cohen RE. Intervention with Disaster Victims. M Killiea & HC Schulburg, eds. The Modem Practice of Community Mental Health, p 397-441, San Francisco: Jossey-Bass, Inc. 1982.

Cohen RE. Crisis Counseling Principles and Services. Disaster Handbook NIMH: Washington, D.C., 1985.

Cohen RE. Post-Disaster Mobilization and Crisis Counseling Guidelines and Techniques for developing crisis oriented services for disaster victims. Roberts AR (Ed.). Crisis Intervention Handbook: Assessment, treatment and research, Chapter 14. Belmont, CA: Wadsworth Publishing Co. 1990,279-299.

Cohen RE. Post-Disaster Mobilization of a Crisis Intervention Team: The Managua Experience. H.J. Parad et. al., Eds. Emergency and Disaster Management: A Mental Health Source-book. Bowie, Maryland: Robert J. Brady Co., 1976.

Cohen RE. Educación y consultoría en los programas de desastres. Las Consecuencias psicosociales de los desastres: La experiencia latinoamericana; Simón Bolívar Program, Univ. Illinois y OPS, 1990.

Cohen RE and Ahearn FL. Handbook for Mental Health Care of Disaster Survivors. Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1980.

Cohen RE. Crisis Counseling Principles and Services. In Sowder BJ and Lystad M (Eds.) Disaster and Mental Health: Contemporary Perspectives and Innovation in Services to Disaster Victims, Washington DC: American Psychiatric Press, Inc., 1986.

Cohen RE and Ahearn FL. Manual de la Atención de la Salud Mental Para Víctimas de Desastres. HARLA, México, la Ed, 1990.

Crisis Intervention Programs for Disaster Victims in Smaller Communities, 1979 reprinted 1983, 1990 7-5-37 DHHS Pub. No (ADM).

DeWolfe D. “A Guide to Door-to-Door Outreach.” In Final Report: Regular Services Grant, Western Washington Floods. State of Washington, Mental Health Division, 1992.

Federal Emergency Management Agency and Center for Mental Health Services, Crisis Counseling Programs for Victims of Presidentially Declared Disasters, Washington, DC. 1992.

Field Manual for Human Service Workers in Major Disasters DHHS Pub. No. (ADM) 87-1537. National Institute of Mental Health, Rockville, MD. 1987.

Harris CJ. A family crisis intervention model for the treatment of post-traumatic stress reaction. Journal of Traumatic Stress 1991;4(2): 195-207.

Shalev AY, Bonne O, & Eth S. Treatment of post-traumatic stress disorder: A review. Psychosomatic Medicine, 1996;58:(2),165-182.

Stuhlmiller CM. Rescuers of Cypress: Learning From Disaster, Vol. 2, International Health Care Ethics Services, New York: Peter Lang, 1996.

Terr LC. Childhood Traumas: An outline and overview. American Journal of Psychiatry, 1991;148:(1),10-20.

The Media in a Disaster DHEW Pub. No. (ADM) 78-540; National Institute of Mental Health, Rockville, MD.

Wolf ME & Mosnaim AD (Eds.). Posttraumatic Stress Disorder: Etiology, phenomenology, and treatment. Washington, DC: American Psychiatric Press, 1990.

 

to previous section to next section

Please provide your feedback   English  |  French  |  Spanish