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close this bookEnfermería en Desastres - Planificatión, Evaluación e Intervención (1985; 419 paginas)
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open this folder and view contents1. Antecedentes y perspectiva histórica
open this folder and view contents2. Prioridades en la valoración rápida de las víctimas
open this folder and view contents3. Atención y selección en la escena del desastre
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open this folder and view contents6. La mujer embarazada que sufrió traumatismos
open this folder and view contents7. Asistencia a las víctimas de radiación
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open this folder and view contents9. Establecimiento y manejo de un albergue*
open this folder and view contents10. Enfermería comunitaria durante un desastre
open this folder and view contents11. Diseño y desarrollo de programas de enseñanza para casos de desastre
open this folder and view contents12: Planificación de simulacros, de situaciones con saldo masivo de víctimas
open this folder and view contents13. Planificación contra desastres: Valoración y empleo de recursos comunitarios
open this folder and view contents14. Planificación para casos de desastres y otros aspectos administrativos en situaciones masivas extremas
open this folder and view contents15. Implicaciones legales de la práctica asistencial en un desastre de grandes proporciones
View the documentApéndice A: Manejo de materiales peligrosos en un desastre
 

Reacciones de grupos especiales

Niños

Los principales factores que contribuyen a las reacciones de los niños ante una tragedia son su nivel de desarrollo en el momento en que éste acaece, lo que perciben de las reacciones de sus familias, y el grado de exposición directa a la calamidad.8 Las reacciones normales incluyen:

• ansiedad y temor generalizados
• ansiedad por separación de los padres
• inquietud
• irritabilidad
• alteraciones de las funciones corporales, como enuresis
• dificultad para concentrarse
• rechazo a asistir a la escuela
• culpa de que pudieron haber hecho algo para evitar el desastre y sus efectos

Las reacciones pueden ser más graves que las señaladas en la lista. Los niños menores de 12 años en la inundación de Buffalo Creek presentaron reacciones de ansiedad traumática y crónica, hiperactividad, inmadurez, desviaciones en el desarrollo de la esfera cognoscitiva, incapacidad para bañarse sin llorar, enuresis, pesadillas aterradoras, temblor de las manos, tensión, temblor emotivo, dificultades para concebir el sueño, sonambulismo y alucinaciones visuales. Los adolescentes en dicha catástrofe especialmente vulnerables a la pérdida de la comunidad, y a los efectos psicológicos del desastre. A menudo escogieron entre una conducta rebelde previa a la delincuencia o el retraimiento social Sin embargo, algunos expresaron soluciones creativas para reconstruir el entorno. Los niños mayores a menudo acudieron a los debates de juicios legales y entrevistas psiquiáticas con gran interés. Entre sus temas escolares escribieron acerca de las normas de seguridad y la construcción de presas. Comentaron la posibilidad de ser enfermeras y abogados en su vida adulta.

Los niños y los adolescentes que han sufrido el desastre en su familia y en sus comunidades están afectados por las percepciones que tuvieron de las reacciones de sus padres y otros adultos, las cuales también son influidas por los procesos sociales y legales propios de la tragedia. Según Newman "la herencia común que un desastre deja a muchos niños es el sentido modificado de la realidad, mayor vulnerabilidad a tensiones futuras, y una idea alterada de sus capacidades interiores, así como una conciencia precoz de la fragmentación y la profundidad".8 Muchos tienen un sentido de la esperanza y la creatividad, junto con limitaciones del desarrollo y algunas alteraciones psicológicas. Los niños y adolescentes de esta categoría a menudo necesitan auxilio especial para reaccionar de manera constructiva a los traumas que sufrieron.

Ancianos

Las calamidades tienen graves consecuencias para los ancianos, pero los resultados de una investigación sugieren que ellos afrontan mejor la situación que las personas jóvenes.8,9 Los aspectos difíciles de un desastre para los ancianos son su falta de recursos, menor capacidad física y tiempo limitado para reponer pérdidas. Muchos padecen enfermedades crónicas y ello también puede representar graves problemas. Por ejemplo, es particularmente importante el acceso a medicamentos como insulina y analgésicos. Los cardiópatas pueden estar sometidos a una tensión extraordinaria y es importante vigilarlos muy de cerca. Los síntomas de aquellas personas con antecedentes psiquiátricos pueden ser exacerbados durante desastres. Algunos pacientes psicóticos se vuelven más racionales, en tanto los que sufren paranoia pueden culparse por el desastre. Las personas que se encuentran muy agitadas a veces se vuelven más excitados. Los pacientes con neurósis graves pueden comportarse en forma racional, y quienes padecen depresiones profundas quizá no muestren ningún cambio10. Sin embargo, este tipo de reacciones no son distintas en el anciano como en el jóven. Las respuestas de los ancianos respecto de las pérdidas sufridas en un desastre no muestran sentimientos excesivos de desorganización personal. En estudios efectuados después de un tornado9 en Nebraska en 1975 y del rompimiento del Teton Dam11 en 1976, los resultados han sugerido pocos efectos emocionales adversos o sentimientos de pérdida, entre los ancianos como entre las víctimas jóvenes. Después del tornado los damnificados jóvenes mostraron más cambios en las esferas interpersonales de la familia, los amigos y los vecinos, así como niveles más altos de ansiedad y tensión física que los ancianos, independientemente de los daños sufridos. Los resultados de los estudios mencionados sugieren que el potencial de los ancianos para afrontar un hecho sobrepasó al de sus equivalentes más jóvenes.

El hecho que el anciano afronte mejor en un nivel emocional la experiencia del desastre que las personas jóvenes, no significa que los ancianos estén privados de necesidades. Huerta y Horton11 observaron lo que los profesionales pueden hacer por un anciano después de un desastre:

• Proporcionar asistencia en problemas físicos de limpieza y reparación
• Recomendar, en el lenguaje propio del anciano, las acciones financieras, lega les y de impuestos que haya que efectuar
• Proporcionar asistencia económica y social por medio de organizaciones aceptadas por la sociedad como las iglesias, y no por medio de organizaciones especializadas que muchas veces discriminan a los ancianos
• Brindar oportunidades a los ancianos para que difundan información y opiniones en lugar de ser receptores pasivos.

Si se requiere de psicoterapia, debe ser breve y orientada a un objetivo en especial. El principio general de orientación que debe utilizarse en el caso de los ancianos es que conviene que exista una mínima interferencia en sus patrones de vida establecidos. El terapeuta debe preocuparse del problema, y después, ya no intervenir. Las fases básicas en la solución de problemas son: 1) definir el problema; 2) recopilar los hechos; 3) conjuntar otras soluciones; 4) escoger las mejores soluciones, y 5) actuar. El anciano necesita participar activamente en dicho proceso y centrarse en la situación real y presente.

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