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close this bookEnfermería en Desastres - Planificatión, Evaluación e Intervención (1985; 419 paginas)
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open this folder and view contents1. Antecedentes y perspectiva histórica
open this folder and view contents2. Prioridades en la valoración rápida de las víctimas
open this folder and view contents3. Atención y selección en la escena del desastre
open this folder and view contents4. Toma de decisiones en una instalación en donde se atienden casos agudos
open this folder and view contents5. El paciente con traumatismos en el escenario del desastre
open this folder and view contents6. La mujer embarazada que sufrió traumatismos
open this folder and view contents7. Asistencia a las víctimas de radiación
close this folder8. Aspectos psicológicos de las situaciones de desastres
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open this folder and view contents9. Establecimiento y manejo de un albergue*
open this folder and view contents10. Enfermería comunitaria durante un desastre
open this folder and view contents11. Diseño y desarrollo de programas de enseñanza para casos de desastre
open this folder and view contents12: Planificación de simulacros, de situaciones con saldo masivo de víctimas
open this folder and view contents13. Planificación contra desastres: Valoración y empleo de recursos comunitarios
open this folder and view contents14. Planificación para casos de desastres y otros aspectos administrativos en situaciones masivas extremas
open this folder and view contents15. Implicaciones legales de la práctica asistencial en un desastre de grandes proporciones
View the documentApéndice A: Manejo de materiales peligrosos en un desastre
 

La atención de los socorristas

Desde el punto de vista histórico los profesionales de la salud, a semejanza del resto de la población, también han sido víctimas de desastres. El caso de Hiroshima muestra lo real que puede ser para estas personas su preocupación por sobrevivir. De una población total de 245000 personas hubo 75000 muertos y 100000 lesionados. De los 150 médicos que había en la ciudad, sólo 30 sobrevivieron y de las 1780 enfermeras sólo quedaron 126.12

Estos encargados de suministrar atención médica y los socorristas que sobreviven pueden ser observadores objetivos sólo por un periodo breve, a menos que conserven una distancia psicológica y a veces física de adaptación en relación con sus pacientes. Dicha objetividad se pierde rápidamente cuando se convierten en una parte real de la secuencia social. Es difícil investigar las respuestas a un desastre, debido al factor mencionado; los investigadores asignados para recolectar datos a menudo han abandonado su trabajo para proporcionar asistencia como socorristas.13

Las reacciones psicológicas pueden fácilmente abrumar a los grupos de auxilio salvo que se les preste atención cuidadosa al hecho de las necesidades biológicas básicas, en especial, reposo y sueño. En situaciones de desastre, los socorristas fácilmente trabajan con mucho más afán de lo que lo han hecho antes. Por tal motivo la carga de trabajo debe desempeñarse con ritmo y ellos tienen que aceptar las limitaciones humanas que les impiden laborar noche y día durante un periodo prolongado. Si no satisfacen sus necesidades biológicas básicas quienes proporcionan los cuidados de la salud dejan de actuar como profesionales y solamente tienen energía para cuidar de sí mismos y de su familia.13

Edwards estudió las fuentes del estrés que experimentan las enfermeras durante desastres civiles breves en la Gran Bretaña.10 Sus investigaciones revelaron los siguientes estresores:

• preocupación por la seguridad personal
• preocupación por la seguridad de sus propias familias
• preocupación por deficiencias en la organización de la atención y los sistemas de abastecimiento
• mayor responsabilidad
• demandas excesivas
• necesidad de evitar conflictos de papeles con sus colaboradores
• identificación de las enfermeras que son madres, con los pacientes pediátricos
• necesidad de hacer algo importante
• sentimientos de control y dominio hacia las víctimas

La selección también es un factor estresor para el personal médico y asistencial. Las decisiones entre la vida y muerte deben tomarse rápidamente. Hay poca oportunidad o sitio para entablar relaciones enfermera-paciente o médico-paciente. Los escasos recursos incluyendo el trabajo humano, deben ser asignados y aprovechados en la forma más eficaz y juiciosa. Esta atmósfera resulta extraña para muchas de las áreas de trabajo modernas.

Según Burkle, "la esencia de la situación traumática es un sentimiento de desamparo por parte del "yo".13 Los profesionales en los cuidados de la salud no deben esperar que los demás se comporten o sientan como ellos. Lo que una persona percibe como amenazador depende del grado de dolor psíquico que puede tolerar. La aceptación de los derechos de los demás a tener sentimientos y limitaciones personales aligeran la tensión.

Los profesionales en asistencia medica deben utilizar tres de los principales mecanismos de defensa y adaptación de los humanos: supresión, aceptación y humor. La supresión es la exclusión intencional de material, de los pensamientos conscientes. En este caso es la atmósfera que rodea la amenaza emocional y física de la persona suprimida. La aceptación es el reconocimiento de que las cosas ocurren más allá del control de cada quién. Evita perpetuarse con los "pudo haber sido y no fue". sentido del humor es la capacidad de reírse de uno mismo y de las propias vulnerabilidades.

Las presiones de la toma de decisiones en un desastre difieren considerablemente de las que afrontan los socorristas en la vida diaria. Por lo general es más lo que está en juego, y es menor el tiempo antes de perder las opciones y oportunidades decisivas. El desastre puede describirse como una prueba de tensión prolongada y organizada para el socorrista.

El estrés y la ansiedad para los trabajadores en todos los niveles puede atenuarse por medio de elementos como los siguientes:

• un programa conciso y claro contra desastres simulacros regulares y perfectamente planeados
• papeles del personal perfectamente definidos
• períodos regulares de relevo como descanso, bocadillos, comidas y horas de sueño

Después de que terminó la calamidad, o cuando menos hayan pasado los periodos de impacto y emergencia, los socorristas necesitan algún tipo de apoyo al igual que las víctimas; el cual incluye, tiempo para "desahogar" sus sentimientos respecto al hecho y su intervención en él. Tal proceso puede hacerse eficazmente en grupos con compañeros, y quizá con algún trabajador mentalmente sanos, que tenga facilidad para dirigir y guiar los comentarios y el proceso de ventilación del grupo. La oportunidad para realizar criticas respecto del proceso de auxilio también es una necesidad importante del personal después del desastre; también es parte vital de la evaluación y revisión de los programas contra desastres, para estar preparados eficazmente contra futuros acaecimientos. Es necesario que los prestadores de servicio cuenten con una terapia de grupo e individual disponible, que los ayude a superar las perturbaciones psicosociales después de la calamidad. Hay que aceptar que los socorristas tienen los mismos tipos de reacciones psicológicas que las víctimas supervivientes, además de las intensas frustraciones relacionadas con su intervención en las medidas de auxilio. Estos sentimientos y reacciones deben ser aceptados como algo legítimo, y tratados abiertamente.

La última necesidad del personal, pero extraordinariamente importante después del desastre, es la necesidad de recibir expresiones de cariño y reconocimiento de sus supervisores y líderes. En la atmósfera de frustración, perdida y estrés continuo creada por el desastre, también sufren menoscabo la fortaleza del yo y la autoestima. El reconocimiento de un superior tiene un gran valor terapéutico, pues a pesar de la situación tan terrible, la persona como individuo que es, dio lo mejor de si y se le reconoce y aprecia por tal acción.

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