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close this bookEnfermería en Desastres - Planificatión, Evaluación e Intervención (1985; 419 paginas)
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Responsabilidad legal y estatuto del buen samaritano

En el derecho consuetudinario anglosajón, como hemos señalado, cuando una persona intenta asistir a otra y, según se dictamina más tarde, el auxilio se prestó en forma negligente, cabe imponer culpabilidad. Los estatutos del Buen Samaritano pueden modificar estos resultados severos de la ley consuetudinaria. La doctrina de que una persona no puede auxiliar a otra en desgracia ha estado profundamente arraigada por siglos en la ley y en el individualismo extremo típico del pensamiento jurídico anglosajón.11 En 1898, los tribunales estadounidenses, en el caso de Buch y Amory13, confirieron expresiones de doctrina de la manera siguiente:

La negligencia imputable por ley es la negligencia en el cumplimiento de un deber legal. Los acusados no son culpables salvo que hayan tenido con el quejoso una obligacíón legal que no cumplieron. La ley no se ocupa de acciones puramente morales; por ejemplo, se supone que el sacerdote y el levita que pasaron de largo en la Biblia, no eran culpables legalmente del sufrimiento continuo del hombre que cayó bajo el acoso de los ladrones, y cuya agresión ellos pudieron evitar o aliviar.

Para destacar este aspecto, el tribunal llevó el argumento hasta su extremo inapelable como una prueba irrefutable. Supongamos que A, al pasar por un cruce de vías, ve a un bebé de dos años en ella y a un automóvil que se acerca. Fácilmente rescata al pequeño sin correr peligro para sí mismo, además que los instintos de humanidad le exigen tal tarea En caso que no lo haga, quizá se le tache de salvaje y monstruo moral, pero no culpable de los daños que haya sufrido el niño, o sea, procesable según las leyes por su muerte.13

Se han propuesto innumerables explicaciones para los principios y continuación del enfoque basado en la ley consuetudinaria o común. Un autor lo atribuye en parte al hecho de que “los tribunales estaban demasiado ocupados con las formas más flagrantes del mal comportamiento como para interesarse en grado sumo en una persona que simplemente no habla hecho nada, a pesar de que otra pudiera haber sufrido daño por omisión”.10

Otra racionalización de la persistencia de los enfoques del derecho consuetudinario es la dificultad para formular y aplicar una nueva norma. Si la ley no ha tenido mucha disposición para reconocer que la negligencia por omisión es causa de culpabilidad en ausencia de alguna relación definida entre las partes, ello basta para crear un deber. La ausencia de esta relación especial ha relegado la omisión de tales casos a una estado de obligación moral, y la ley no acepta ninguna responsabilidad para hacerla cumplir independientemente de los resultados anómalos y ofensivos.18

A pesar de las raíces profundas de la doctrina de la ley consuetudinaria desde 1908, ya hubo unos peritos que propusieron la existencia de un deber en situaciones de rescate. El profesor Ames señaló que la persona que no interfiere en salvarle la vida a otra de una muerte inminente o de grave daño corporal, en una situación en que podría hacerlo con pocas o nulas molestias para él y la muerte o la lesión corporal grave que acontece como consecuencia de la inacción, pueden ser castigados legalmente y debería haber una compensación a la parte dañada, o a su viuda en caso de muerte.19

En fecha más reciente, algunas autoridades legales contemporáneas han expresado afinidad por las ideas del profesor Ames. Purver11 ilustra dicha actitud en la siguiente declaración:

En casos flagrantes de no rescatar a una persona, podría afirmarse que surgió la lesión por inacción del testigo. La diferenciación entre negligencia por comisión y por omisión en situaciones de rescate se ha perpetuado al razonar quienes son los cojos, inválidos, deslustrados y que la marea de la filosofía profundamente individualista de los primeros tiempos de la ley consuetudinaria y la dependencia cada vez mayor de una unidad social en otra, son argumentos de gran peso para el reconocimiento legal del deber para rescatar. Por todo lo anterior, comenzamos a advertir que surgen razones para que cambie la ley consuetudinaria original, que sostiene que no existía el deber de rescatar a un prójimo. Los valores de la sociedad concedidos al individuo comienzan a modificarse para orientarse a necesidades de grupos comunitarios y, por ello, también habría que modificar la ley. Se ha vuelto una situación cada vez menos aceptable el hecho de no detenerse y auxiliar a un necesitado. Poco a poco, el rescate o el auxilio se han venido reconociendo como una actividad socialmente deseable que hay que buscar y alentar. La primera ley del Buen Samaritano fue aprobada en el estado de California, en 1959. Desde esa fecha, todos los estados de la Unión Americana y el Distrito de Columbia, han seguido demanda y se han adoptado estatutos similares.

Las finalidades legislativas de las leyes del Buen Samaritano son dos: en primer lugar, se busca estimular a las personas, incluidas enfermeras y médicos, a responder a emergencias médicas cuando no tienen la obligación de hacerlo, y de este modo prestar sus servicios profesionales a víctimas de urgencias que en otras circunstancias no lo recibirán; en segundo lugar, busca proteger al auxiliador bien intencionado de una demanda o culpabilidad como forma de inmunidad.20

El tribunal que ventiló el litigio de Colby vs Schwartz21 describió la ley del Buen Samaritano de esta forma:

El cumplimiento de la legislación del Buen Samaritano en la vida real representa la resolución de intereses competitivos. Por una parte, existe el interés de indicación de los derechos de la víctima de negligencia. Por otra parte, se necesita estimular a los médicos a prestar sus servicios en casos de emergencia o en situaciones que podrian ocasionar una actitud contraria. Cuando es aplicable la legislación, se decide por la última posibilidad y no por la primera.

Los estatutos sobre la norma del Buen Samaritano comparten muchas semejanzas, pero varían tanto de un estado a otro, que literalmente no hay igualdad en este sentido.22 Sin embargo, se han identificado cinco elementos comunes:

1. identificación de la clase protegida
2. obligación de que el Buen Samaritano actúe de buena fe
3. exigencia de que la atención se brinde gratuitamente
4. identificación de la zona de protección
5. identificación de la norma de atención

Problemas de interpretación

Es justo señalar que si las enfermeras cumplen con las exigencias de una norma en el estado en que laboran, son merecedoras de inmunidad. Sin embargo, las situaciones de disputa real y las interpretaciones de lenguaje normativo pueden incitar al litigio para saber si de hecho se concedió inmunidad. Entre las causas frecuentes de disputa, están los dos requisitos en la legislación del Buen Samaritano: (1) La necesidad de que el auxilio se preste en la "escena" de una utilización de urgencia, y (2) que no haya contraído previamente a tal situación una relación, es decir, un deber.14

Cabría fácilmente imaginarnos sitios generales en los cuales las enfermeras, en un caso de desastre, gozarían de inmunidad, y también otros en los cuales no la tendrían. Por ejemplo la enfermera que se encuentra inesperadamente frente a una situación de desastre, y que no ha tenido ninguna preparación previa y trata de prestar ayuda y atención de enfermería, probablemente esté exenta de culpabilidad, es decir, inmune. Por otra parte, la enfermera que fue designada como parte del personal de respuesta y que fue llamada con tal base para acudir a un desastre, presta ayuda en un refugio o en un hospital, quizá no esté protegida bajo el estatuto del Buen Samaritano. (Figura 15-2).

Los dos ejemplos señalados constituyen los extremos de un continuo con el cual es más fácil tratar en forma de "absolutos". Sin embargo, existen muchas situaciones reales entre tales extremos. Las enfermeras deben saber si las normas del Buen Samaritano las protegen en tales situaciones.

Algunos estados de la Unión Americana esclarecen algunas situaciones específicas que están protegidas o cubiertas por el estatuto. Por ejemplo, tres estados han definido la escena de una emergencia. Las definiciones de Washington y Minnesota excluyen los hospitales y los consultorios de los médicos, pero la norma para médicos de California señala que la escena de una emergencia incluye también las salas de urgencia de un hospital, pero sólo cuando se ha proclamado un "desastre médico" por parte de autoridades locales o estatales y está vigente aún. Once estados (Florida, Kentucky, Maine, Nevada, Kansas, New York, Ohio, Rhode Island, Washington, Lousiana y Nevada) excluyen específicamente a hospitales, clínicas y consultorios médicos del rango de inmunidad, en tanto que estados como Alaska y Texas, incluyen específicamente a los hospitales, pero excluyen las clínicas y los consultorios médicos. Siete estados no han impuesto restricciones respecto de los sitios en que es válida la inmunidad.22


FIGURA 15 - 2 Dispensa proporcionada por los Estatutos del buen samaritano

El lenguaje estatutario, al parecer, concede mayor importancia a la exclusión que a la inclusión, y por ello puede deducirse que en otras jurisdicciones, como las de los estados de Alabama e Illinois, también se excluye al hospital. Muchos estados definen simplemente el sitio como la escena de emergencia, o combinan esta frase con otro término más especifico. Por ejemplo, el estatuto de California define a la emergencia dentro de un hospital, como "una situación que ocurra o no en la sala de urgencias, que necesita de servicios inmediatos para aliviar dolor intenso o diagnóstico y tratamiento inaplazable de situaciones médicas desfavorables, las cuales, de no ser diagnosticadas y tratadas de manera rápida, podrían ocasionar incapacidad grave o muerte.23 También define la escena de emergencia como "la sala de emergencia, aunque no limitada a ella en caso de un desastre médico".14,23

Se ha dicho que la legislatura del Estado de Michigan fue la que instituyo la norma del Buen Samaritano más global e importante. En ella, se concede inmunidad civil gracias a dos estatutos distintos aunque interrelacionados. Uno de ellos la brinda a enfermeras y médicos que responden voluntariamente a emergencia en términos generales, en tanto que la otra se ocupa específicamente de situaciones de emergencia en un hospital. Hay que señalar que ambos estatutos concenden importancia primaria a la cuestión del deber preexistente.14,24

(1) En casos en que el deber hospitalario real de la persona no exige una respuesta a la situación de emergencia: médico, dentista, pediatra, tanto internos como residentes, enfermera titulada, enfermera práctica, con licencia, terapeuta registrado, técnico de laboratorio clínico, inhaloterapéuta, enfermera anestesista titulada y certificada, técnico de rayos-X de personal y paramédico que de buena fe respondan a una emergencia en una situación que también pone en peligro la vida dentro de un hospital o otra instalación de atención médica con la debida licencia, no serán culpables de daños civiles como resultado de una acción u omisión en la prestación de la asistencia de emergencia, excepto un acto u omisión que constituya negligencia innegable o conducta intencionada o acción perjudicial proterva.
(2) La excepción de la culpabilidad de la subsección (1) no será válida para el médico que sostenía ya una relación con su paciente antes de que surgiera la emergencia, ni para la enfermera titulada en que también existió una relación con su enfermo antes de que acaeciera tal situación extrema.

Interpretación por la jurisprudnecia

Los estatutos relativos al Buen Samaritano no son tan claros y concisos; por ello la enfermera debe acudir a la jurisprudencia para que la interpretación de aquél defina la aplicabilidad. La interpretación mencionada fue hecha por los tribunales californianos sobre la ley del Buen Samaritano en el estado en dos casos separados: los litigios de Colby vs Schwartz21 y McKenna vs Cedars of Lebanon Hospital.25 En el primer caso, se discutió si el estatuto del Buen Samaritano en California podía aplicarse a una sala de urgencias de un hospital, en tanto que en el segundo se consideró si podía definirse a los hospitales como "escena de la emergencia" con fines de inmunidad civil.14

En el caso de Colby, dos médicos de la sala de urgencias, como parte de sus tareas normales en dicha sala, operaron a un paciente que habla sido herido en un accidente automovilístico. Cuando más tarde fueron demandados por negligencia, los médicos adujeron inmunidad, bajo el estatuto del Buen Samaritano. El tribunal rechazó su argumento y sostuvo que, como miembros del personal médico de emergencias, tenían el deber de atender a todos los posibles pacientes que solicitaran tal servicio. En consecuencia, no era aplicable la sección 2144. El tribunal señaló que dicha sección "se dirigía a médicos que por casualidad o en forma irregular acuden o son llamados a prestar atención de emergencia"21.

El tribunal también mostró su preocupación porque, en situaciones en que existe previamente el deber antes de las circunstancias de urgencia, el conceder inmunidad haría que las víctimas de negligencia no dispusieran de medios legales, y de este modo disminuiría la calidad de la atención médica.14

El tribunal de Colby creó una dicotomía de deberes: los que son cubiertos por "casualidad y en forma irregular"; y los que son parte de la práctica normal de un médico. La ley del Buen Samaritano es válida en el primer caso, no así en el segundo. 14

El litigio manifestado por Colby es válido en la situación que priva en un departamento de emergencias, pero la dicotomía de deberes que señala el tribunal puede ser extrapolado fácilmente a la situación de un desastre, por lo que cabría decir que la enfermera que presta auxilio en el curso normal de sus labores y practica no goza de inmunidad bajo la ley del Buen Samaritano.

En el caso de Mckenna, que era un médico en el pabellón del hospital en que por lo común no trabajaba, respondió a una alerta de emergencia, y acudió al cuarto de un paciente que sufría convulsiones. El médico reaccionó y trató las convulsiones, pero el individuo sufrió paro cardiaco y falleció once días después. Se inició un juicio por negligencia contra McKenna. En las sesiones, la instrucción del jurado fue que "ningún médico no titulado que de buena fe presta atención de emergencia en la escena misma de los hechos, es culpable de daños civiles como resultado de cualquiera de sus actos u omisiones al desempeñar tal actividad".25 A semejanza del tribunal en el caso de Colby, el que estableció jurisprudencia en el caso de McKenna se orientó a la relación preexistente. El tribunal señaló que es una medida en que no se podía demostrar un debe previo; el médico prestó auxilio que "en realidad era voluntario"25; la aplicación de la ley del Buen Samaritano sería, pues, congruente con la finalidad legislativa.

El tribunal en el caso McKenna fue todavía más lejos, y afirmó que cuando notar auxilio a una persona en situación de urgencia, señaló varias situaciones o relaciones que podían surgir dentro de un centro médico y que podrían generar un deber. El tribunal indicó que una persona podría tener un deber previo para prestar auxilio en emergencia si fuera miembro del personal hospitalario, cuyo trabajo es precisamente auxiliar y responder a tales situaciones.25

El tribunal en caso McKenna fue todavía más lejos, y afirmó que cuando no existe previamente a la emergencia una relación medico-paciente, la inmunidad brindada por la ley del Buen Samaritano debe ser válida, independientemente del sitio en que ocurra la emergencia.25 El sitio del hecho es importante porque, como mencionamos, es uno de los requisitos normativos de todos los estatutos del Buen Samaritano. Es necesario definir lo que constituye la escena de una emergencia para solicitar la inmunidad civil que señala la ley mencionada.

Con arreglo al requisito del "sitio en que ocurre la emergencia" las enfermeras en caso de desastre necesitan saber si una catástrofe cumpliría con los criterios para gozar ellas de inmunidad. Una vez más, pueden imaginarse situaciones que cumplirían con los criterios mencionados. Por ejemplo, un volcán hace erupción; la enfermera acude inmediatamente a la escena de los hechos y comienza a prestar ayuda. En este caso, estaría inmune a toda demanda. Sin embargo, en otra situación ligeramente diferente, quizá no se aceptaría que tal sitio es el de una emergencia. Consideremos la misma erupción volcánica; aquí, las víctimas son llevadas a un refugio en el cual la enfermera, cuyo trabajo es brindar atención en desastre, presta ayuda como parte del personal de auxilio. En este caso, quizá no disfrutaría de inmunidad porque existe un deber preexistente.

Las leyes del Buen Samaritano no impiden que las enfermeras especializadas en atención de desastres sean demandadas; sin embargo, brinda inmunidad civil por tal acción en caso de que la enfermera cumpla con los requisitos de los estatutos. Cada estado de la Unión Americana tiene su propia ley de este tipo, y algunos de ellos tienen jurisprudencia que interpretan el lenguaje estatutario; por ambas razones, conviene revisar con alguna frecuencia todas las publicaciones legales de la localidad respecto a la aplicabilidad.

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