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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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Manejo de cadáveres

Acciones inmediatas

Las actividades relacionadas con el manejo de los miles de muertos que resultaron del deslave del volcán Casita se iniciaron tres días después de haber ocurrido dicho desastre.

Todas las acciones estuvieron bajo la responsabilidad del Ministerio de Salud y del Ejército de Nicaragua. Se conformó una brigada de 131 personas pertenecientes a las instituciones siguientes: Ministerio de Salud, ejército, Iglesia, líderes cristianos, brigadas de comarcas, brigada del Ingenio San Antonio, una brigada de Costa Rica, cooperantes holandeses y un americano con un perro rastreador.

Se conformaron dos equipos de trabajo. El primer equipo tenía a su cargo la búsqueda y la localización de los cadáveres en el área del desastre y, una vez que un cuerpo era ubicado, se colocaba una banderilla para señalar el sitio. El segundo equipo tenía como función determinar el sexo del cadáver, así como si se trataba de un niño o un adulto y la disposición del mismo.

No se formó ningún equipo para atender a los familiares y no hubo participación de médicos forenses.

Inicialmente se procedió a localizar los cadáveres, trasladarlos al cementerio y enterrarlos en fosas individuales, pero por la gran cantidad de cadáveres, la falta de equipos y por las difíciles condiciones del terreno, se decidió enterrar individualmente a cada cadáver en el mismo sitio donde era encontrado. Sin embargo, poco tiempo después el cuerpo salía nuevamente a la superficie por lo que no se continuó con este procedimiento y se decidió quemar los cadáveres en el sitio donde eran encontrados.

En los informes oficiales se registró la disposición final de 1.025 cadáveres, de los cuales el 80% (821/1.025) fueron incinerados en el propio lugar donde fueron encontrados y el 20% restante (204/1.025) fueron enterrados allí mismo. De los cadáveres, 673 eran adultos y 227 eran niños y en 125 no se registró si se trataba de adultos o niños (figura 1).


Figura 1. Disposición de cadáveres, deslave del Casita, Nicaragua, octubre de 1998.

Acciones mediatas

Un mes después de haber ocurrido el deslave del Casita, se procedió a enterrar a los cadáveres que habían sido incinerados en el mismo sitio donde eran encontrados los restos, y en cada sepultura se colocó una cruz que permitiera posteriormente saber el sitio donde estaban enterrados. Se lograron enterrar 869 cadáveres.

En enero de 1999, tres meses después de ocurrido el deslave, se procedió a desenterrar todos los cadáveres que habían sido sepultados individualmente en la zona del desastre. Los restos encontrados, en su mayoría óseos, fueron agrupados masivamente y enterrados en una especie de fosa común construida de concreto.

En la zona del desastre se sembraron 2.000 árboles, cada uno de ellos representa a uno de los 2.500 muertos que causó el deslave del volcán Casita. Esta zona fue denominada Parque Memorial.

Consecuencias del manejo de cadáveres

De los 2.500 muertos que resultaron del colapso del volcán Casita, en ningún caso se estableció la identidad de los cadáveres y, en consecuencia, no se elaboraron certificados de defunción. Además, no se determinó la causa, la manera, la fecha ni las circunstancias de la muerte.

Como resultado de la falta de certificación de la muerte, los 2.500 fallecidos del Casita aún permanecen como desaparecidos. Una de las consecuencias de este vacío legal se pudo observar en 1999, año que hubo elecciones de alcalde; como estos fallecidos no estaban oficialmente muertos, el Consejo Electoral Municipal de Posoltega no les había dado de baja en los padrones electorales y, por lo tanto, los 2.500 muertos del Casita podían votar. Se desconoce si existen otras consecuencias relacionadas con herencias de propiedades, testamentos o negocios.

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