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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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Bases científicas que demuestran la inexistencia de riesgo epidémico en áreas no endémicas

Existe poca evidencia8 que sugiera que los cadáveres constituyen un riesgo en áreas que no son endémicas de ciertas enfermedades. Cuando un desastre golpea a una comunidad, los responsables de la respuesta priorizan su acción hacia los aspectos que más preocupan a la población: los heridos, los desplazados y los muertos. Se ha dedicado poco tiempo a documentar el hecho de que los cadáveres no constituyen un riesgo significativo de infección durante un desastre. De todas maneras, la evidencia obtenida de operaciones de emergencia y los subsecuentes proyectos de reconstrucción indicarían que en la mayoría de los casos los cadáveres no poseen un riesgo apreciable para la salud pública en áreas donde no existen enfermedades endémicas. Para un examen más profundo de este tema, es necesario revisar el panorama antes y después de ocurrido el desastre.

8 Se debe tener en cuenta que la ausencia de evidencia se debe a los siguientes factores:

- dificultad de realizar investigaciones en situaciones de crisis;

- debido a que las observaciones realizadas a lo largo de las situaciones de desastres, permiten concluir que no existe evidencia sólida que vincule los cadáveres con la propagación de enfermedades; la evidencia científica hubiera tenido un impacto relativo;

- finalmente, el poco interés por parte de los científicos para corroborar un hecho que se ha observado siempre.


El 17 de agosto de 1999 se produjo uno de los terremotos más mortíferos que afectó a Turquía, el cual causó aproximadamente 16.000 muertos y más de 44.000 heridos. Los equipos de emergencia que llegaron al sitio intervinieron durante la fase 1 de la emergencia y la fase 2 de tratamiento. Los equipos trabajaban en turnos de dos semanas para tratar a los heridos y a los enfermos y para atender los traumas que ocurrieron por el incidente. Durante estos períodos de dos semanas, los equipos de emergencia trataron casi exclusivamente cirugías, partos, traumatología y cuidados neonatales y posneonatales. Las enfermedades infecciosas jugaron un papel muy pequeño, incluso nulo, en las actividades de los equipos médicos9. Los equipos priorizaron la búsqueda de víctimas enterradas vivas, la atención de los heridos y el manejo y la organización de los refugiados y heridos. La disposición de los fallecidos fue un asunto secundario durante este período.

 

9 Halpern P, Rosen B, Carasso S, Sorkine P, Wolf Y, Benedek P, Martinovich G. Intensive care in a field hospital in an urban disaster area: lessons from the 1999 earthquake in Turkey. Crit Care Med 2003;31:1589-90.


Aun así, al analizar objetivamente el ejemplo citado, debemos recalcar que este ejemplo debe ser considerado con precaución ya que la ausencia de epidemias se puede explicar en gran medida por el buen sistema de salud del país, particularmente en su parte occidental.

El 26 de octubre de 1998 marcó el nacimiento de uno de los huracanes más devastadores y mortíferos que recuerde la historia. El huracán Mitch devastó Centroamérica. Las inundaciones y los deslizamientos por él causados resultaron en un estimado de 10.000 muertes entre el 26 de octubre y el 2 de noviembre. La inundación de los caminos y la destrucción de los centros de salud obstaculizaron los efectos de alivio inmediato.

Las causas inmediatas de morbilidad y mortalidad fueron los deslizamientos y las inundaciones. Los equipos de emergencia atendieron una gran cantidad de heridos inmediatamente después de la tormenta. Un estudio de las enfermedades infecciosas antes y después del huracán Mitch en la comunidad hondureña de Villanueva mostró que la incidencia de EDA e IRA se elevaron de manera importante10. Dicho estudio encontró que la incidencia de EDA subió de 2.849 a 6.798 por 100.000 (p<0,01) tras el huracán. Específicamente, encontraron que la incidencia de IRA se elevó de 295 a 1.205 por 100.000 (p<0,01). La evidencia sugirió que la elevación de la incidencia de estos cuadros era atribuible a las inundaciones, las pobres medidas sanitarias, el hacinamiento y el daño de la infraestructura básica.

Es necesario mencionar que este estudio fue único; se llevó a cabo al mismo tiempo que las operaciones de socorro. De hecho, el estudio fue usado para guiar a los equipos de socorro para priorizar sus actividades. Gracias a él, el personal de emergencia sabía cómo prepararse para un incremento de pacientes con IRA y EDA. Nunca se presentó evidencia que relacionara la presencia de cadáveres con el aumento de estos cuadros infecciosos. Al contrario, la pérdida de agua potable, las pobres medidas higiénicas y el hacinamiento fueron los factores señalados como las causales del incremento de tales enfermedades.

 

10 Campanella N. Infectious diseases and natural disasters: the effects of hurricane Mitch over Villanueva municipal area, Nicaragua. Public Health Rev 1999;27:311-9.


Las malas políticas, las ideas falsas y los mitos son considerados por muchos científicos como responsables en gran medida del desastre causado por el huracán Mitch. Muchas de las muertes, daños a la propiedad y caos que rodearon al evento se habrían podido disminuir en alguna medida, si las autoridades hubieran tenido información valedera sobre el correcto manejo del desastre, o se hubiera priorizado las actividades de socorro de una manera más lógica. De acuerdo con un estudio publicado después del huracán "la devastación en América Central resultó más debido a conducciones económicas y políticas erróneas que por el desastre natural per se"11. Los autores concluyeron que los movimientos forzados de la población más pobre desde las áreas estables hacia las planicies y laderas afectadas hicieron a estos grupos particularmente vulnerables a los efectos del fenómeno natural. Además, los autores notaron que un plan de emergencia inapropiado exacerbó en gran medida el número de muertos. En el artículo, los autores van más lejos al señalar que los movimientos de la población junto con la falla en anticiparse al desastre a través de evacuaciones masivas o para responder efectivamente a los daños causados, fomentaron la pérdida de miles de vidas. En este punto es necesario enfatizar el hecho de que la atención que se debe dedicar al tema de la disposición de cadáveres va después de las acciones de atención a los sobrevivientes.

11 Cockburn A, St.Clair J, Silverstein K. The politics of natural disaster: who made hurricane Mitch so bad? Int J Health Serv 1999;29:459-62.


Además de la evidencia presentada en los ejemplos anteriores, muchas instituciones de salud han argumentado sobre los riesgos que presentan los cadáveres para la salud pública. La OMS ha indicado reiteradamente el riesgo infeccioso mínimo que poseen los cuerpos de los fallecidos. En una publicación del 2002, la OMS estableció que: "los cadáveres, incluso en proceso de descomposición, generalmente no presentan ningún riesgo para la salud, a menos que sean fuentes de contaminación de reservorios de agua potable con heces o que estén contaminados con plaga o tifus, en cuyo caso ellos pueden ser infestados por moscas o piojos, los que pueden diseminar estas enfermedades"12.

12 Wisner B, Adams J, editors. Environmental health in emergencies and disasters: a practical guide. Geneva: World Health Organization; 2002.


De acuerdo con científicos de Walter, Engineering and Development Centre (WEDC) del Reino Unido, la relación entre cadáveres y epidemias nunca ha sido científicamente demostrada o reportada13. Los autores indican, además, que, contrario a la creencia popular, los cadáveres raramente contaminan las fuentes de agua y no están asociados con la transmisión de malaria o dengue; a su vez manifiestan que muchos de los métodos de disposición de los cadáveres son hechos de manera apresurada y constituyen un riesgo mayor para la salud pública que el hecho mismo de tener gran cantidad de cuerpos; por ejemplo, la cremación masiva produce elevadas cantidades de humo con dioxinas aéreas que causan problemas respiratorios importantes.

13 Harvey P, Baghri S, Reed B. Emergency sanitation: assessment and programme design. WEDC, Loughborough University; 2002.


La experiencia de la OMS y el WEDC en el manejo de incidentes con gran número de cadáveres y las subsecuentes secuelas en la salud apoya de manera irreversible la afirmación de que la presencia de cadáveres desempeña un papel secundario en la diseminación de enfermedades infecciosas.

La gran cantidad de evidencia presentada permite sugerir a las autoridades la necesidad de la redefinición de prioridades en la disposición de los fallecidos; no es necesario su manejo apresurado sin guardar el respeto necesario hacia los familiares y su deseo de un entierro digno de acuerdo con sus creencias y costumbres.

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