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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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Cadáveres de animales

Muchos de los temas de los cadáveres humanos corresponden también directamente a los cadáveres de animales. Sobre éstos también se han desarrollado mitos, los cuales provienen principalmente de hechos ocurridos en el pasado sin una justificación científica aparente. La peste negra, que dejó una marca imborrable en la conciencia de la humanidad, fue diseminada por animales y sus cuerpos fueron catalogados tan letales como los animales vivos.

Debemos tener en cuenta, también, que los vectores son animales que diseminan un gran número de enfermedades entre los humanos; la mayoría de la población cree que estos vectores son peligrosos ya sean vivos o muertos.

En la mayoría de los casos, los cuerpos de los animales muertos tienen un riesgo tan pequeño para los humanos como los propios fallecidos. Es decir, los cadáveres de animales constituyen un riesgo para la salud pública sólo bajo condiciones específicas.

Un animal que haya cumplido normalmente su ciclo de vida o haya muerto por traumatismos no representa ningún riesgo para la salud de los humanos. Las muertes masivas de animales en casos de desastres naturales no son un riesgo para la salud de los humanos. De todas maneras, es necesario recalcar que los animales que mueren por exposición al desastre o como consecuencia de traumatismos y que hayan tenido una enfermedad transmisible específica pueden representar un riesgo para la población.

Las zoonosis se están convirtiendo progresivamente en un riesgo para la salud de las poblaciones. De todas maneras, la mayoría de las infecciones zoonóticas no sobreviven en el cadáver de un animal. Al igual que las enfermedades que sobreviven en los cadáveres de humanos, para que las enfermedades zoonóticas en cadáveres de animales representen un riesgo para la salud, deben ocurrir en un área endémica de esa enfermedad. Si el área no es endémica, la probabilidad de transmisión cadáver-humano es muy baja.

Existen dos situaciones específicas en las cuales los cadáveres de animales pueden ser un riesgo para los humanos: la presencia de agentes infecciosos específicos y la contaminación de agua por heces y fluidos de lesiones. Los microorganismos con los que hay que tener mayor cuidado son Cryptosporidia, Campylobacter y Listeria, siempre y cuando los cuerpos estén en el agua. Estos microorganismos no sobreviven por mucho tiempo si el animal se encuentra en tierra seca.

Aunque los cadáveres de animales poseen un riesgo mínimo para la salud, la disposición correcta de sus restos es importante después de la respuesta inicial al desas- tre. Los procedimientos recomendados para la disposición de cadáveres se encuentran bien estandarizados, pero analizaremos dos tipos de protocolos según la situación; el primero se desarrolló para manejar los cadáveres después del huracán Floyd y el segundo fue desarrollado por la Universidad de Virginia y diseñado para ser usado en una variedad de desastres naturales.

En los Estados Unidos, el Departamento de Salud y Servicios Humanos para Carolina del Norte (North Carolina Department of Health and Human Services, NCDHHS) desarrolló un conjunto de guías para la disposición de cadáveres de animales como consecuencia del huracán Floyd14. El NCDHHS recomendó que los cadáveres fueran manejados con maquinarias y que el personal usara guantes para evitar la transmisión potencial de enfermedades infecciosas. Las mascotas y los animales salvajes fueron enterrados en hoyos de 3 pies de profundidad, como mínimo. En algunos casos se diseñaron contenedores especiales para depositar los cadáveres. El ganado fue dispuesto para su incineración. El NCDHHS enfatizó que, debido al bajo riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas por parte de los cadáveres de animales, el personal debería priorizar el cuidado de los vivos sobre la disposición de los cadáveres de animales.

14 Bruton HD. State health official recommendations for disposal of dead animals in Floyd's aftermath. North Carolina Department of Health and Human Services, 7/29/03. www.dhhs.state.nc.us/pressrel/9-22-99a.htm


La Oficina de Salud y Seguridad Ambiental de la Universidad de Virginia (Office of Environmental Health and Safety, DEHS) desarrolló un conjunto de guías que contempla la disposición de cadáveres de animales por causas infecciosas y cadáveres de animales producidos por muerte natural o desastres15. Para nuestros propósitos examinaremos los protocolos para animales que han muerto naturalmente o por traumatismos. La OEHS recomienda la disposición de cadáveres de animales en bolsas gruesas de plástico debidamente selladas; posteriormente deben ser llevadas al área designada para su disposición final, que puede ser la incineración, y el depósito de las cenizas se hace en vertederos o se entierran.

15 The Office of Environmental Health and Safety. Waste management decision tree. 7/29/03. www.keats.admin.Virginia.edu/tree/home.html


Es importante anotar que los métodos estándar de disposición usados para animales varían de país a país, siempre tomando en cuenta la infraestructura y la mano de obra disponible como los factores determinantes. En general, la disposición de cadáveres de animales de gran tamaño (sus cuerpos enteros) puede ser difícil por la dificultad para enterrarlos o cremarlos, debido a la gran inversión de recursos. Inicialmente se los rocía con petróleo y son cubiertos con tierra para protegerlos contra los depredadores hasta que puedan ser destruidos o enterrados. Igual mecanismo se usa en caso de que se encontraren partes de éstos o animales más pequeños en grandes cantidades. Otra recomendación es utilizar cal viva, con lo cual se retrasa el período de putrefacción y disminuye la cantidad de bacterias con riesgo de zoonosis.

Así mismo, Eduardo Fuhrer Jiménez16 nos indica algunos consejos prácticos para tener en cuenta en el proceso de disposición final de los cuerpos:

16 Eduardo Fuhrer Jiménez, médico veterinario del Servicio Agrícola y Ganadero del Ministerio de Agricultura de Chile.


"Algunas experiencias prácticas nos han indicado que, antes de cubrir con tierra, es conveniente colocar una capa de zarzamoras o alguna especie espinosa y luego colocar la tierra; de esa manera, los perros, zorros u otros cánidos al cavar se encuentran con la zarzamora y se hieren con las espinas, por lo que desisten de seguir cavando."

"Cuando hay cadáveres de herbívoros que tienen un gran volumen en sus estómagos (poseen 4) con gran cantidad de pasto en su interior, al comenzar la putrefacción se desarrollan gases y los cuerpos se hinchan, lo cual hace levantar las fosas. Por lo anterior, se recomienda romper con un punzón el estómago para permitir la salida del gas."

"Otro aspecto tiene que ver con la quema de cuerpos. Aunque en algunas ocasiones es recomendable incinerar, cuando existe un gran número de cuerpos y más aún cuando tratamos animales de gran tamaño (herbívoros), el resultado es negativo. Se han rociado los cuerpos con petróleo y se forma una impresionante pira que demora sólo un par de minutos, mientras se queman los pelos, y el animal queda intacto. Otro efecto negativo de esta acción es el hecho de que si se los quiere enterrar después, es más difícil de moverlos si no se tiene una retroexcavadora, ya que se desarman fácilmente."

La disposición final se hace enterrándolos en hoyos de 3 pies de profundidad y debidamente cubiertos, en un lugar que no permita la contaminación de aguas superficiales y subterráneas (terreno no anegable), lo cual debe ser suficiente en la mayoría de los casos. La única situación en la que se revisaría esta norma sería en casos de inundaciones, cuando lo más apropiado sería enfundar los cadáveres hasta su cremación o entierro.

A continuación relatamos la experiencia del doctor Eduardo Fuhrer respecto al manejo de cadáveres de animales luego del brote de fiebre aftosa en Chile en 1984:

En 1984 se presentó un brote de fiebre aftosa y se tuvieron que sacrificar 8 mil animales, el período fue en pleno otoño y en la alta cordillera. En muchos lugares no había caminos por lo cual no fue posible entrar maquinaria para efectuar las fosas y comenzaron las nieves a partir de mayo. Quedó una serie de grupos de animales sin enterrar, aproximadamente 7 sectores en promedio y en cada uno de ellos había unos 200 bovinos (la mayoría de más de 250 kg) y 300 ovinos y caprinos (aproximadamente de 30 kg).

El lugar fue cercado y no hubo acceso de personas, pero sí se presentaron casos de perros y zorros que comieron de los restos. Durante los meses de mayo, junio y julio los restos permanecieron bajo la nieve; en agosto, cuando se derritió la nieve, la acción del sol y el agua produjo la descomposición de los cuerpos. A fines de octubre se contrataron personas para que hicieran fosas con palas, cuyo proceso se efectuó con las debidas normas de higiene y protección. Los restos eran arrastrados por caballos hasta enterrarlos. Entre los aspectos coyunturales estaba el mal olor presente por la descomposición y el fácil desmembramiento de los cuerpos al arrastrarlos.

Como se puede observar del relato anterior, en ningún momento se produjo un problema sanitario, ya que en la fiebre aftosa el virus no sigue multiplicándose y sólo permanece en la médula ósea; sólo se presenta un problema de descomposición.

Como análisis final, podemos indicar que los cadáveres de animales representan poco o ningún riesgo para la salud pública. Una serie de factores deben coexistir para que los cadáveres de animales constituyan un riesgo para los humanos. Primero, el animal debe estar infectado con una enfermedad que pueda ser transmitida a los humanos. Segundo, el germen debe poder sobrevivir a la muerte del huésped. Tercero, el ambiente debe propiciar la diseminación del agente infeccioso; por ejemplo, agua contaminada. Cualquier interrupción en esta cadena de eventos hace que el riesgo para la salud pública sea mínimo. Aún más, la presencia de cadáveres de animales por sí misma no se puede asociar con la diseminación de enfermedades infecciosas. La preponderancia de la evidencia demanda que la disposición final de los animales muertos sea diferida a favor de la atención de los vivos.

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