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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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El rito funerario

La sociedad es un sistema de relaciones construido entre individuos ligados por lazos de simpatía y de utilidad, cuya convivencia es regulada por costumbres y normas. La muerte es el más poderoso y misterioso de los cambios que afectan el ciclo de la vida humana, es una amenaza que tiene el poder de destruir las estructuras familiares y romper los lazos de una comunidad. La muerte del organismo humano, fenómeno biológico, no conlleva la desaparición de los lazos afectivos e interrelaciones -de toda índole - de la persona fallecida con los miembros del grupo social. Por ello, en la medida en que el ser humano ha desarrollado su capacidad de conceptualizar, construye y vive en una realidad psíquica en la que su relación con el difunto persiste, dinámica e inmodificada, hasta tanto se realice apropiadamente el duelo.

El origen del culto a los muertos se encuentra íntimamente ligado con el nacimiento mismo de la civilización y está en estrecha relación con ella: el deseo de hacer presentes y perpetuar a las personas y cosas ausentes, obligó al hombre a crear representaciones, inicialmente pictóricas y sonoras, hasta llegar posteriormente a la elaboración de palabras. Con ellas nominó estas representaciones lo que permitió y le permite al hombre abordar psíquicamente los aspectos conceptuales del mundo. Así, la idea de "otra vida" o "más allá" se concibe como un mundo invisible, habitado por las almas de los muertos y por dioses y demonios, como los manifiestos en el poder de la naturaleza. Ese más allá se relaciona con la aparición de la religión (del latín religare, reunir) que sirve de base al lazo social.

Los rituales implican el uso simbólico de movimientos y gestos corporales para expresar y articular significados en torno a una situación social. Se usan para estructurar la sociedad, iniciar a la gente dentro de una comunidad, aportar guías para el comportamiento humano, dar significación a aspectos importantes de la vida, marcar transiciones y conectar la emoción y la razón a través de una acción o un acto físico. Los rituales son pilares de la organización social y constituyen formas de comunicación dentro de la cultura cuya función es mantener el control de eventos que, de otra forma, podrían causar graves trastornos en el desempeño social del grupo.

A menudo, los rituales tienen significado religioso pero ésta no es una característica intrínseca. El aspecto que los define es que se lleven a cabo secuencias más o menos fijas, invariables, de actos formales y enunciaciones no enteramente definidas por los practicantes. Cuando se ritualizan las respuestas efectivas a las crisis a través de estas formas tradicionales, acostumbradas, relativamente perdurables en el tiempo, la sensación de familiaridad aporta un sentimiento de comodidad y de control de la situación.

Se cree que el ritual empieza como repuesta espontánea a una situación dada, para satisfacer necesidades que la gente no puede verbalizar3. Esa es la razón por la que los rituales son tan importantes en situaciones de crisis en las cuales la cuestión de la significación se origina inicialmente en factores emocionales más que en aspectos racionales.

3 Irion, Paul E. The funeral and the bereaved. En: C. Allen Haney, Christina Leimer, Juliann Lowery, Spontaneous memorials: violent death and emerging mourning ritual. http://www.adec.org/pubs/omega.htm.


El funeral pertenece al grupo de los llamados "ritos de pasaje", término acuñado por el antropólogo holandés Arnold van Gennep4, que facilitan las transiciones importantes en la vida humana. Para ellos, se describen tres fases para ir de un estado a otro: separación, transición y reincorporación. En la separación ocurre una remoción ritual del individuo de la sociedad, seguida de un período de transición, con el aislamiento del individuo, el más incierto de estos estadios para el individuo que se encuentra fuera de ella: no tiene un papel claramente definido, su estado es vago e indeterminado y se encuentra como en un limbo con respecto a un rol social normal. Este estado cesa con la reincorporación, cuando el individuo es aceptado de retorno a la sociedad en su nuevo estatus.

4 Van Gennep, Arnold. The rites of passage. Chicago: University of Chicago Press, 1960; traducido al inglés en 1960. Citado por Bourchier, Christine, Referencia 18. http://grad.usask.ca/gateway/archive13.html.


La amenaza que la muerte plantea a la sociedad se conjura a través del rito funerario como rito de pasaje, en dos formas: para el difunto, la transición entre la vida y la muerte - concebida como el cielo, un mundo espiritual u otra vida - y para los sobrevivientes, quienes realizan las ceremonias y cuyo estatus social e identidad está ligada con la del fallecido, el abandono de algunos roles y estados perdidos junto con el difunto, así como la asunción de nuevos roles.

Se considera al funeral como el rito de mayor énfasis en lo liminar - del latín limen, umbral - término que se usa para describir el estado de transición propio del rito de pasaje. Cuando se interrumpe el paso por este umbral se altera la asunción de papeles socialmente importantes, lo que produce daños al entramado social de magnitud difícil de evaluar porque sus efectos no se revelan inmediatamente sino que se requiere del paso de varias generaciones para verlos.

En suma, los ritos sirven para redistribuir los roles del difunto entre los sobrevivientes, ajustando los papeles sociales de aquéllos que permanecen para asegurar la continuidad del grupo. El ritual funerario actúa en la fase inicial del duelo como forma de control social al establecer un patrón de conducta que facilita a los afectados mantener sus emociones bajo control, reducir su ansiedad para manejar la nueva situación y, a más largo plazo, recibir como recompensa un nuevo estatus y nuevos roles proclamados en público. Si tenemos en cuenta que, además de todo esto, permite reafirmar al doliente que será aceptado una vez más en el mundo de los vivos y que la condición intermedia de su aislamiento no es permanente, podemos entrever los ineludibles trastornos que conlleva su omisión.

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