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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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El valor simbólico del cadáver y la sepultura

Es evidente en la somera revisión que acabamos de efectuar que el cadáver tiene un valor simbólico de gran fuerza para familias y comunidades de todas las culturas y credos. Este valor simbólico proviene del poder de evocación que tiene el cadáver como objeto material y que se explica porque nuestra noción de realidad se basa en la imagen que tenemos de los objetos y, en general, de su percepción a través de los sentidos. La cultura se construye sobre las bases simbólicas determinadas por el estrecho e indisoluble vínculo entre el objeto y su representación.

En este sentido, la vinculación que los miembros de una familia mantienen con sus muertos es de tipo simbólico y religioso, y se establece a través de los objetos materiales que los evocan; este significado no existe por fuera de dicho poder de evocación. La sepultura cumple esta función de mediatización y, además, como ejercicio de un derecho, se materializa en la posibilidad de construir una tumba, mantenerla y visitarla, en una relación similar a la que los creyentes tienen con los objetos de culto: es el ejercicio del derecho a conservar el objeto material depositario de la evocación simbólica. Este ejercicio como derecho le impone al Estado el deber de garantizarlo13.

13 Cifuentes, Eduardo. Fallo de la Corte Constitucional Colombiana por acción de tutela (24-III-94). ¿Quién tiene derecho a exhumar un cadáver? El derecho a la inhumación en casos forenses en medicina legal, vol. 7, pág. 5-17.


Como hemos visto, todas las religiones practican formas rituales que les son propias y que permiten a sus creyentes aprehender una trascendencia que no es posible experimentar directamente. La participación ritual se conoce como el derecho al culto y consiste en la posibilidad de realizar todos aquellos actos, ceremonias y prácticas a través de las cuales se manifiesta la creencia en lo sobrenatural o inclusive en lo trascendente del ser humano como partícipe de una cadena generacional.

De lo anterior se deduce que todo acto que impida el ejercicio del culto es de extrema gravedad para el creyente, pues cercena la comunicación con el "más allá", obstaculiza el cumplimiento de un deber impuesto a los fieles y el sano desarrollo del duelo, individual y colectivo.

La importancia del culto deriva de la importancia misma de la religión, entendida como creencia a la cual el individuo se subordina, en una situación de dependencia última, que irradia un sentido específico a todos los actos de la existencia y que establece lazos o nexos entre los individuos del grupo social.

La importancia que tiene el culto en la religión, como elemento inseparable de la creencia, ha conducido a la inclusión del culto religioso como derecho fundamental en las cartas constitucionales. De esta manera se amplía el ámbito de protección de la libertad, al pasar de la simple aceptación de la creencia a la plena admisión de los medios ceremoniales a través de los cuales ésta se manifiesta, así como a la libertad de no participar en culto alguno y honrar en el funeral, no al cuerpo ni la persona, sino la personificación idealizada de los objetivos del grupo social. La inhumación y la exhumación de cadáveres suelen ser reguladas por autoridades religiosas, pero en ausencia de este tipo de tradición o creencias, se demanda el cuidado del cuerpo muerto, incluso los derechos de inhumación y exhumación, al Estado y no a una iglesia.

La costumbre sempiterna de hacer tumbas tiene un sentido fundamental y profundo. En ellas se rememora a la persona muerta por medio de la inscripción de su nombre y, en algunos casos, de su fotografía, efigie o epitafio. La tumba o sepultura como ya se dijo, tiene, en primer lugar, como todo objeto material, una función de mediatización de evocación y en segundo lugar, una función de estratificación social que resulta de su tamaño, forma, materiales, localización, etc. No sólo sucede que las familias se ven representadas en sus tumbas, además, encarnan, en el valor de los materiales, la dimensión del afecto familiar.

La muerte es objeto de una completa elaboración religiosa derivada del misterio que rodea la terminación de la vida. El cadáver sirve, entonces, de soporte para la recreación mítica del difunto y de su nueva relación que puede ser de intermediación ante un ser supremo, cuando el alma ha tenido el privilegio de la salvación. Desde este punto de vista, la idea de construir tumbas responde a la necesidad personal de trascendencia y perpetuación.

La sepultura posee también una importancia antropológica innegable. El ser humano soporta más fácilmente la muerte cuando tiene la certeza de que el cadáver reposa para siempre en un sitio. La desaparición de una persona denota un sufrimiento insoportable cuando se ha perdido la esperanza de vida y no se dispone del cuerpo inerte. Este fenómeno ha sido bien estudiado a partir de la situación sicológica de los familiares de víctimas de desaparición. La imposibilidad de superar el duelo impide la recuperación psicológica y social y mantiene al pariente en una situación paradójica de esperanza insoportable. La certeza, aún en la situación extrema de saber muerto al ser querido, es a su modo fuente de tranquilidad: enterrar a los muertos es también un acto simbólico a través del cual los hombres reconocen su condición temporal y se someten a los avatares de la vida14.

14 Cifuentes, Eduardo. Fallo de la Corte Constitucional Colombiana por acción de tutela (24-III-94). ¿Quién tiene derecho a exhumar un cadáver? El derecho a la inhumación en casos forenses en medicina legal, vol. 7, pág. 5-17.


Las tres connotaciones antes señaladas, diferenciación social, creencia religiosa y característica antropológica, pueden presentarse simultáneamente o de manera separada. En todo caso, aquélla que vincula más fuertemente al individuo a través del poder simbólico es la creencia religiosa, debido a que se encuentra directamente ligada con el ejercicio del culto, protegido como derecho fundamental de aplicación inmediata.

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