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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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open this folder and view contentsCapítulo 1: Preparativos paracasos de muertes masivas
open this folder and view contentsCapítulo 2: Trabajo médico-legal
open this folder and view contentsCapítulo 3: Consideraciones sanitarias en casos de muertes masivas
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View the documentEl valor simbólico del cadáver y la sepultura
View the documentEl duelo y los rituales en circunstancias de desastre
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View the documentArgumentos de presión para la disposición rápida de cadáveres
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Experiencias de manejo de desastres

Presentamos viñetas de hechos cuyas circunstancias de atención ilustran facetas de los aspectos socioculturales hasta aquí mencionados y su repercusión en la toma de decisiones. Recogimos experiencias representativas, esperando que puedan ser de utilidad para quienes se vean obligados a afrontar hechos de características similares. La conciencia de que la posibilidad de que tales situaciones se presenten fortalece la decisión de resistir las inevitables presiones inmediatas para ofrecer a la comunidad, a más largo plazo, una mejor posibilidad de reparar el daño sufrido a raíz de un desastre.

Las necesidades planteadas por el culto profesado o por la tensión emocional experimentada por todos los involucrados deben ser atendidas prontamente y con serenidad por personal experimentado, preparado para ello. Como se precisa en el capítulo 5 de "Aspectos psíquicos", el alivio proporcionado por el sentimiento de solidaridad en la desgracia marca una diferencia rápidamente perceptible. Es necesario extender la formación del personal proveniente de diversas disciplinas sociales -psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, etc. - para atender al grupo y a las familias en circunstancias tan difíciles como éstas.

Un accidente aéreo produjo 160 muertos; todos fueron sometidos a autopsias médico-legales y todos fueron identificados. El procesamiento inicial tomó 5 días a un equipo de unas 40 personas.

A pesar del cansancio del equipo forense - después de 24 horas de trabajo ininterrumpido - siempre se encontró tiempo para escuchar y responder a las inquietudes de los familiares: a) la urgencia de la entrega oportuna de los cuerpos para realizar el ritual funerario antes del día sábado, sagrado para la comunidad judía; b) atender aun demandas que parezcan poco racionales al equipo, como estudiar y entregar los cuerpos requeridos aunque en la madrugada no se podían realizar gestiones encaminadas a su traslado a los lugares de origen, y c) se explicaron los procedimientos y posibilidades técnicas a quienes solicitaban la entrega de un fragmento de cualquier cuerpo, no importa si era de su familiar o no.

De manera paradójica, y a la vez conmovedora, mientras más irracional pueda parecer al equipo la demanda del doliente es evidente una mayor gratitud y alivio ante la atención brindada. Así, se transformó la actitud, inicial-mente agresiva, de quienes ya habían esperado dos días transcurridos entre el hecho y el trabajo de escena.

Otra dificultad fue la angustia de las autoridades locales que por primera vez enfrentaban un hecho de tal magnitud, quienes resaltaban la lentitud inicial del trabajo en la morgue, del cual no comprendían ni la complejidad ni su necesidad y la falta de protección al equipo forense, que por momentos se vio amenazado en su integridad física. Fue útil confrontar a las autoridades con la evidencia de que era imposible decidir, sin el trabajo técnico y la organización dada a la morgue, cuáles restos entregar a cada familia.

Aun en circunstancias difíciles es posible lograr resultados satisfactorios mediante la aplicación de conceptos técnico-científicos fundamentales, como disponer de un archivo básico completo que permita identificar los cadáveres tan pronto como sea posible obtener los elementos para comparación: fotografía de filiación, carta dental, huellas dactilares, registro de señales particulares, registro de variables antropológicas básicas - sexo, talla, edad aproximada, ancestro racial - y muestras para ADN, y controlar el destino final de los restos, inhumándolos de tal forma que sean recuperables cuando sea posible identificarlos. Esto hace posible que los cuerpos puedan ser devueltos a sus deudos en cualquier momento y que sean sepultados de acuerdo con sus creencias y convicciones.

En un caso de combates en el área rural20 hubo 17 víctimas fatales, pertenecientes a los guerrilleros: cinco mujeres y doce hombres entre los 18 y 23 años. En las autopsias de rigor, todas las víctimas presentaban lesiones por proyectil de arma de fuego de alta velocidad. Como no se presentaron familiares a orientar la identificación de los cuerpos y a reclamarlos, los cuerpos fueron inhumados en fosas individuales debidamente marcadas en el cementerio local y con los debidos archivos para su identificación.

 

20 Ricaurte, población a 3 horas de Pasto, capital del departamento de Nariño, Colombia, 13 de agosto de 2003.


Los gobiernos y las autoridades deben conocer los fundamentos socioculturales de un sano duelo para favorecer su desarrollo y evitar las funestas consecuencias que se han dado, históricamente, en casos inadecuadamente manejados. Estas consecuencias, cuando han podido ser estudiadas a través del tiempo, van desde un simple peregrinaje al sitio del hecho hasta graves alteraciones de la comunidad por la ruptura de los lazos sociales de un número considerable de personas afectadas. Ilustra este punto el análisis de lo ocurrido durante la primera guerra mundial, cuando en la sociedad victoriana se prohibió oficialmente el duelo y los rituales tradicionales 21.

21 Bourchier, Christine. Rituals of mourning: bereavement, grief and mourning in the First World War. M.A. Program, Department of History, University of Calgary. http://grad.usask.ca/gateway/archive13.html


Por razones patrióticas y motivos nacionalistas, era necesario mostrar que la muerte atroz de muchos jóvenes se llevaba a cabo en nombre de una causa justa; esto se hizo mediante celebraciones colectivas en vez de sepelios individuales, tan difíciles por los altos costos de repatriación de los cadáveres que incluso se llegó a prohibirla; también se desalentó el uso del color negro como manifestación de luto, y se sustituyó por lazos blancos.

Las consecuencias de estas decisiones gubernamentales se manifestaron en verdaderos peregrinajes con movilización hasta de 140.000 personas desplazadas cada año a la "zona devastada", intentos de saquear las tumbas para recuperar los cuerpos y duelos llamados "retardados". Por otra parte, se vivió una obsesión nacional por la muerte, manifestada por conmemoraciones y monumentos tendientes a demostrar a la sociedad que el sacrificio había valido la pena. Se considera que aunque esto fue exitoso durante la guerra, la cultura del Imperio Británico emergió de ella extremadamente desorganizada y perturbada, con muchos miembros llenos de duelos no resueltos sobre lutos que no pudieron ser públicamente mostrados y carentes de rituales que pudieran reincorporar verdaderamente a los dolientes a la sociedad.

Los sucesos consecutivos al choque de un aeroplano israelí sobre un área residencial en Ámsterdam con alto porcentaje de inmigrantes ilustran la posibilidad de transformación del duelo colectivo por una pérdida de características simbólicas representativas para la comunidad con ocasión de aglutinación en una sociedad altamente secularizada 22.

22 Nugteren, Albertina. Comportamiento ritual público y colectivo después de los desastres: ¿una manifestación naciente de religión civil? Tilburg University, Netherlands, en la Conferencia "Spiritual supermarket", Pluralismo religioso en el siglo XXI, London School of Economics, Abril 2001. http://www.cesnur.org/2001/london2001/nugteren.htm.


Aunque se temió que hubiera unos 250 muertos, las operaciones de rescate redujeron el número a 43. El ritual se llevó a cabo una semana después con participación de 40.000 personas de todas las razas y credos. La población afectada estaba constituida en su mayoría por inmigrantes, muchos de ellos ilegales. Se hizo una gran procesión no politizada a la que asistieron más de 13.000 personas, sin pancartas ni estribillos, las campanas sonaron en todo el país y los niños portaron globos negros o guirnaldas de flores. El servicio, con participación de muchas culturas y religiones, duró dos horas y media; como oradores actuaron dignatarios y representantes de los residentes afligidos quienes citaron textos religiosos cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. Se interpretaron músicas diversas de seis culturas diferentes y los sentimientos religiosos se mantuvieron discretamente velados. Apareció un monumento espontáneo, un árbol que sobrevivió en el sitio del accidente y que "lo había visto todo".

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