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close this bookSerie Manuales y Guías sobre Desastres, No. 5 - Manejo de Cadáveres en Situaciones de Desastre (OPS; 2004; 207 paginas) [EN] View the PDF document
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open this folder and view contentsCapítulo 1: Preparativos paracasos de muertes masivas
open this folder and view contentsCapítulo 2: Trabajo médico-legal
open this folder and view contentsCapítulo 3: Consideraciones sanitarias en casos de muertes masivas
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View the documentEl valor simbólico del cadáver y la sepultura
View the documentEl duelo y los rituales en circunstancias de desastre
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View the documentArgumentos de presión para la disposición rápida de cadáveres
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open this folder and view contentsCapítulo 5: Aspectos psicológicos
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Conclusiones

En síntesis, ante la presencia de un gran número de muertos ocurridos en un desastre masivo, por razones de diverso orden, se produce una normal reacción de angustia tanto en lo privado como en lo colectivo. En la actualidad existen recursos técnicos y científicos que permiten ofrecer a la comunidad un manejo del hecho, respetuoso del conocimiento acerca de la trascendencia de llevar a cabo los rituales propios de una comunidad.

Acceder a tales rituales implica evitar acciones rápidas como inhumar o cremar, lo cual impediría identificar las víctimas y devolver los cadáveres a los deudos, quienes requieren de la presencia física del cuerpo para realizar el funeral ritual. Aun para restos humanos altamente fragmentados o calcinados es posible individualizar cada cuerpo mediante dos recursos: el desarrollo de un archivo básico que permitirá la identificación en etapas posteriores cuando aparezca la información necesaria para el cotejo y el control del destino del cuerpo que permite recuperarlo cuando sea necesario.

A lo largo de este capítulo hemos revisado la importancia de favorecer el desarrollo de un duelo apoyado en los rituales que cada cultura ha acuñado para aliviar el dolor y cicatrizar su pena. Los esfuerzos en este sentido se verán retribuidos con creces a largo plazo en la reparación del tejido social afectado por el desastre, y se evitarán así sus devastadoras secuelas a nivel psíquico y social.

En este sentido, es motivo de permanente comentario en la prensa mundial la importancia del manejo adecuado de los cadáveres para el control de la impunidad a través de la administración de justicia, para mantener la memoria histórica y para lograr el resarcimiento moral y económico clave para la resolución de odios y conflictos de larga duración. Son las instancias políticas y gubernamentales las que deben comprender tal necesidad para tomar decisiones que impidan la generación de violencia y trastornos por duelos no resueltos. Los procesos que no se efectúan según las pautas aquí discutidas dan lugar, a largo plazo, a invaluables trastornos emocionales e, incluso, a elevados gastos como los de las exhumaciones de fosas comunes tendientes a lograr tales propósitos.

Los gobiernos y las autoridades deben conocer los fundamentos socioculturales de un sano duelo para favorecer su desarrollo y evitar las funestas consecuencias que se han dado, históricamente, en casos manejados inadecuadamente.

Para aliviar las secuelas psíquicas de los desastres y lograr los objetivos propuestos para su manejo, es posible diseñar y llevar a cabo un procedimiento forense sencillo y organizado, sistemático, ajustado a las particularidades de un desastre. Dado que, además de los beneficios ya mencionados, evite que se pierda la posibilidad de estudiar científicamente las lesiones y contribuir a aclarar un caso desde el punto de vista investigativo, sin olvidar la posibilidad de resolverlo judicialmente, si es necesario.

En nuestra experiencia, independientemente de la diversidad de culturas, rituales y credos, los deudos valoran muy especialmente las medidas tomadas para retornarles el cuerpo y la atención brindada a los muertos con la práctica de ceremonias propias del lugar en que ocurrió la muerte si ellos no han podido llegar a tiempo o, en caso contrario, con las que respetan las tradiciones de su culto o grupo particular. Esto ocurre porque culturalmente un funeral es más que el simple hecho de deshacerse de un cadáver: permite la satisfacción del ardiente deseo de darle algún sentido a la muerte cuando nos vemos confrontados con ella y da un estatuto de dignidad y sentido a la desaparición del ser humano.

En los desastres que golpean a una comunidad, una ciudad o una nación, se produce un duelo público masivo que involucra un gran grupo de personas, muchas veces de características heterogéneas. A pesar de esto, una vez cumplido el correcto manejo del hecho, es posible propiciar un escenario que posibilite la expresión de conmiseración y simpatía y permita obtener consuelo en conmemoraciones colectivas que ofrezcan el alivio que el ritual aporta.

En estas tristes ocasiones, al igual que en la muerte de celebridades como Olof Palme, la princesa Diana o Yizhak Rabin, se crea una cierta colectividad transitoria a la que se pertenece sólo debido al suceso. Primero, Rousseau y, luego, Durkheim llamaron religión civil a las manifestaciones de las "multitudes positivas" que llegan a valorar esta colectividad como un ideal en sí mismo. Estas muertes inesperadas constituyen momentos de dolor colectivo que pueden llegar a convertirse en protesta comunal. El sepelio se constituye en ritual para canalizar el duelo, expresar apoyo social, manejar la pérdida y diluir la ira; y aunque es expresión colectiva de desesperanza, indefensión y vulnerabilidad, permite simultáneamente la expresión de compasión y simpatía y ofrece una ocasión para compartir un momento de solidaridad.

Así logra una comunidad expresar a los deudos y obtener para sí misma la acogida por algo más grande que cada uno en su individualidad y recibir colectivamente solaz de la compañía, las palabras, la música y las flores ante un dolor que abiertamente pertenece a la fragilidad humana.

Para que una civilización merezca tal nombre se requiere la valoración de toda vida, incluso la vida (ausente) de los muertos23.

 

23 Reyes, Mate (2000). Memoria de Auschwitz. Capítulo 2: El campo, lugar de la política moderna, Editorial Trotta, Madrid, 2003, pág. 78.

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