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close this bookRespuesta de la Salud Pública a las Armas Biológicas y Químicas - Guía de la WHO - Segunda Edición (OPS; 2003; 302 paginas) [EN] [RU] View the PDF document
View the documentPrefacio a la edición en español
View the documentPrólogo
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View the documentResumen ejecutivo
View the documentAbreviaturas y acrónimos
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open this folder and view contents1. Introducción
open this folder and view contents2. Evaluación de la amenaza a la salud pública
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close this folder4. Preparación y respuesta en salud pública
View the document4.1 Antecedentes
open this folder and view contents4.2 Preparación
open this folder and view contents4.3 Respuesta
View the documentBibliografía
View the documentApéndice 4.1: Principios del análisis de riesgos
View the documentApéndice 4.2: Los incidentes de sarín en Japón
View the documentApéndice 4.3: La liberación intencional de esporas de ántrax a través del sistema postal de los Estados Unidos
open this folder and view contents5. Aspectos legales
open this folder and view contents6. Fuentes internacionales de asistencia
open this folder and view contentsAnexo 1: Agentes químicos
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open this folder and view contentsAnexo 4: Principios de protección
open this folder and view contentsAnexo 5: Precauciones contra el sabotaje de agua potable, alimentos y otros productos
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View the documentAnexo 7: Afiliación de los estados miembro de la OMS a los tratados internacionales sobre armas químicas y biológicas
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Apéndice 4.1: Principios del análisis de riesgos

La respuesta a los ataques biológicos o químicos es una tarea multidisciplinaria y compleja. Con tal número de temas y preguntas, se requiere contar con un medio para ordenar y priorizar el abordaje de la respuesta. Las actividades de respuestas requeridas y una secuencia ordenada lógicamente para su implementación, se pueden identificar al usar la aproximación del análisis de riesgos. Ésta es una forma organizada con la cual se identifican y evalúan las condiciones peligrosas y se pueden emprender acciones para eliminar, reducir o controlar los riesgos que representan. Estos pasos sirven para estructurar la planificación e identificar las áreas que necesitan atención durante la fase de «preparación» antes del ataque y la fase de «respuesta» posterior a la alarma o al ataque (forma en que se estructuró el capítulo anterior). Aunque algunas consideraciones detalladas para los agentes biológicos y químicos pueden diferir (por ejemplo, la vulnerabilidad de la población puede ser una consideración más importante para los agentes biológicos que para los químicos), los principios básicos de aproximación son los mismos.

Se acepta en general que el análisis de riesgos consiste en la evaluación del riesgo, su manejo y comunicación. En este Apéndice, la evaluación del riesgo y su manejo se describen en mayor detalle en tanto que son aplicables a los incidentes químicos. La comunicación del riesgo ya ha sido cubierta en detalle en el capítulo anterior.

Evaluación del riesgo

La evaluación del riesgo (o amenaza) incluye su identificación, caracterización del peligro (dosis-respuesta), determinación de la exposición y sus consecuencias, y caracterización del riesgo.

El primer paso, y quizá el más difícil del proceso, es la identificación de todas las condiciones peligrosas. El riesgo no se puede controlar a no ser que se hayan reconocido las condiciones peligrosas antes de que causen alguna lesión, daño en el equipo o algún otro accidente. Una vez que se haya reconocido una condición peligrosa, se debe evaluar para determinar la amenaza o el riesgo que representa. El grado o nivel de riesgo es una función de la probabilidad de exposición al peligro y la gravedad del daño potencial que podría causar dicha exposición. Algunos peligros pueden representar un riesgo muy bajo para las personas o para el equipo (por ejemplo, un químico tóxico bien guardado en un contenedor sellado). Otros peligros pueden causar la muerte o lesiones importantes si no se controlan (por ejemplo, un químico tóxico que se ha derramado en un sitio de trabajo congestionado). En estos dos ejemplos, la primera situación tiene una probabilidad de exposición mucho menor que la segunda. Aun cuando la sustancia sea la misma y el daño causado por la exposición sea similar, la menor probabilidad de exposición en la primera situación representa un menor riesgo.

Los productos químicos en general se pueden dividir en dos grupos: (i) químicos que causan efectos tóxicos, para los cuales se considera generalmente que existe una dosis, una exposición o una concentración por debajo de las cuales no se presentan efectos adversos (por ejemplo, químicos que causan efectos órgano-específicos, neurológicos/del comportamiento, inmunólogicos, carcinogénesis no genotóxicas y en la reproducción o en el desarrollo); y (ii) químicos que causan otros tipos de efectos, para los cuales se asume que existe alguna probabilidad de daño a cualquier grado de exposición, en la actualidad, se aplica primordialmente para mutagénesis y carcinogénesis.

Muchos químicos se han evaluado y la literatura ofrece valores guía para los niveles de exposición por debajo de los cuales no se suponen efectos adversos (es decir, sustancias con umbral) y los riesgos por unidad de exposición para aquellos químicos que pueden constituir un riesgo para la salud a cualquier grado de exposición (es decir, sustancias sin umbral).

Los indicadores de una exposición o sus precursores, como las concentraciones en el aire, en el agua o en los alimentos se pueden medir o modelar. El transporte y el destino de los agentes químicos dependen de sus propiedades fisicoquímicas y pueden variar dramáticamente. Durante la fase de evaluación del riesgo de un incidente es importante medir o modelar la concentración/exposición/dosis real o futura, así como la diseminación del agente químico causal.

La caracterización del riesgo busca proporcionar una síntesis de las propiedades intrínsecas (eco) toxicológicas del químico causal derivada de la identificación del peligro y de la evaluación de la relación dosis - respuesta con la exposición real o la pronosticada. Toma en consideración las incertidumbres y es la principal herramienta para la toma de decisiones sobre el manejo del riesgo. El proceso involucra la comparación entre el resultado del análisis de la relación dosis-respuesta con el de la evaluación del riesgo a que se enfrentan las poblaciones con el fin de identificar efectos potencialmente adversos a la salud (por ejemplo, si existe un riesgo alto, moderado o bajo).

Manejo del riesgo

El manejo del riesgo comprende todas las actividades que se requieren para tomar e implementar decisiones que lo reduzcan o eliminen. Una vez que se ha caracterizado un riesgo, se puede tomar una decisión informada sobre qué medidas de control son necesarias para reducir o eliminar el peligro. Las medidas de control incluyen cualquier acción para la reducción del riesgo o su eliminación. Sin embargo, usualmente, las medidas de control implican reducir la probabilidad de un incidente o su gravedad. Cuando se trata de químicos tóxicos u organismos infecciosos, las medidas de control usualmente incluyen medidas administrativas, controles de ingeniería o protección física. En el Anexo 5 se presenta información más detallada de estas medidas. Las medidas de control se deben implementar antes de la exposición del personal o del equipo a la condición peligrosa. Cuando se implementan los controles, se debe garantizar que éstos no introduzcan nuevas condiciones de peligro.

No existe «la ausencia de riesgo». Puede que no sea siempre posible controlar completamente todas las condiciones de peligro. Cuando persiste algún riesgo, se debe tomar una decisión concienzuda al nivel apropiado sobre si éste es un «riesgo aceptable». Deberíamos estar familiarizados con el concepto de «riesgo aceptable», ya que es parte de la vida cotidiana. Todos aceptamos cierto grado de riesgos para lograr beneficios. Hay riesgos asociados con los vuelos aéreos comerciales. La mayoría de las personas (aunque no todas) aceptan la muy pequeña probabilidad de un accidente aéreo a cambio de llegar rápidamente a su destino.

El beneficio potencial que se logra al aceptar un riesgo siempre debe compensar las posibles consecuencias de dicho riesgo. En algunos casos, el beneficio potencial puede justificar la aceptación de un riesgo que normalmente sería inaceptable. No se deben correr riesgos innecesarios, que no entrañen beneficios potenciales o que no hayan sido sopesados adecuadamente. La decisión de aceptar un riesgo se debe tomar siempre en el nivel apropiado. Si el resultado esperado de un accidente durante una actividad cualquiera es, en el peor de los casos, por ejemplo una lesión menor, un supervisor o un gerente de área pueden aceptar el riesgo y proceder sin medidas ulteriores de control. En el otro extremo del espectro, una decisión que ponga en peligro las vidas de muchas personas se debería tomar solamente en los niveles superiores de autoridad. Por supuesto, uno nunca planea una lesión. Las medidas de reducción del riesgo son siempre aplicables. A lo que aquí nos referimos es a las consecuencias de un accidente que se presenta a pesar de haberse tomado precauciones razonables. Si el riesgo residual todavía se considera como muy alto, es necesario repetir los procesos de control de riesgos para disminuir aún más la gravedad de las consecuencias de una exposición.

Un principio fundamental para sopesar un «riesgo aceptable» es reducir al mínimo aceptable el número de personal expuesto a la condición peligrosa, el tiempo de exposición y el nivel/concentración de riesgo al cual estará expuesto.

Cuando se aplica el concepto de «riesgo aceptable» a la posibilidad de un ataque químico o biológico, el nivel de riesgo residual que se puede aceptar dependerá de las circunstancias de la región en cuestión. Un país puede enfrentar un riesgo significativo de uso terrorista de agentes biológicos o químicos dedicando considerables recursos a la respuesta. En otra parte del mundo, un riesgo bajo - según la evaluación - de incidentes biológicos o químicos no justificaría mayores gastos y la asignación de un monto reducido para la respuesta puede ser suficiente. Tales decisiones son a todas luces extremadamente difíciles de tomar y están sujetas a factores políticos al igual que a consideraciones prácticas.

Cuando se esté implementando un proceso de manejo de riesgos, es crucial que las medidas de control se evalúen y supervisen continuamente para garantizar que estén funcionando tal y como se habían planeado. Si se encuentra que las medidas de control no son eficaces, se deben cambiar o modificar inmediatamente. Las medidas de control eficaces se deben registrar para aplicarlas en situaciones similares en el futuro. Se deben aprender las lecciones de los ejercicios de simulacro o de incidentes similares en otras áreas o países y adaptarlas al programa propio de manejo de riesgos.

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