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close this bookRespuesta de la Salud Pública a las Armas Biológicas y Químicas - Guía de la WHO - Segunda Edición (OPS; 2003; 302 paginas) [EN] [RU] View the PDF document
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View the documentApéndice 4.2: Los incidentes de sarín en Japón
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Apéndice 4.2: Los incidentes de sarín en Japón

El 20 de marzo de 1995, un grupo terrorista lanzó un ataque con gas nervioso sarín contra trabajadores que viajaban en el sistema de metro de Tokio. Este ataque, que tuvo amplio cubrimiento en los medios de comunicación, causó la muerte de 12 personas y más de 5.000 buscaron atención médica. Sin la pronta y masiva respuesta de emergencia de las autoridades japonesas, y algunos errores cometidos por el grupo terrorista, el incidente podría haber sido mucho más devastador. Aunque éste ha sido el incidente más ampliamente difundido en los medios de comunicación, no era el primer ataque con gas nervioso en Japón. En junio de 1994, 7 personas murieron y hubo más de 300 heridos en un ataque del mismo grupo en un edificio de apartamentos en Matsumoto. En diciembre de 1994, un opositor del grupo fue asesinado por la aplicación cutánea de VX.

Este Apéndice presenta un breve resumen de los antecedentes y características de estos incidentes y de las lecciones que se desprenden de su manejo. Se apoya extensamente en varias revisiones excelentes y completas registradas en la literatura internacional (1 - 6).

Antecedentes

La secta Aum Shinrikyo fue el producto de la imaginación creativa de Chizuo Matsumoto, cuyos sueños de infancia aparentemente incluían el liderazgo de Japón. En 1984 abrió una pequeña casa editora y una escuela de yoga, que gradualmente se convirtieron en un culto. Cambió su nombre a Shoko Asahara ("Luz Brillante"), se embarcó en la expansión del culto con enseñanzas y rituales cada vez más bizarros y, en última instancia, en actividades subversivas con miras a lograr la supremacía para sus seguidores en Japón. El grupo atrajo una membresía internacional sorprendentemente grande, decenas de miles, y reclutó activamente a científicos y técnicos para que desarrollaran programas de armamentos muy ambiciosos. Los planes incluían el desarrollo y el uso de armas biológicas y químicas.

Las armas químicas de Aum Shinrikyo aparecieron en las noticias internacionales después del ataque en el metro de Tokio de 1995, pero la búsqueda de armas biológicas realmente antecedió al programa químico. A pesar de la inversión de grandes cantidades de dinero y de esfuerzos para adquirir los medios con que desarrollar y diseminar agentes biológicos, los intentos de ataque (con toxina botulínica en abril de 1990 y ántrax en 1993) fracasaron, afortunadamente, sin causar efectos apreciables en la población de Tokio.

El culto tuvo más éxito con su programa químico, que fue lanzado en 1993 y supuestamente costó cerca de US$ 30 millones. Después de experimentar con VX, tabún, somán, gas mostaza, cianuro de hidrógeno y fosgeno, la selección final del culto fue el gas nervioso sarín, con un plan de producción de cerca de 70 toneladas de esta sustancia en las instalaciones de Aum Shinrikyo en Kamikuisiki, al pie del Monte Fuji.

El incidente de Matsumoto

En 1994, Aum Shinrikyo se vio involucrado en procesos legales relacionados con la compra de tierras ante lo cual planeó un ataque nocturno con gases contra el alojamiento de los tres jueces implicados en el proceso para el 27 de junio de ese año, aparentemente para descartar un fallo que no le fuera favorable. Se utilizó un sistema improvisado para la diseminación de sarín, que consistía de un sistema de calentador, ventilador y goteo; el vapor de sarín se dispersó desde la ventana de una camioneta de reparto camuflada. Después de un periodo de aspersión de 20 minutos, el gas se diseminó en un área elíptica que medía más o menos 800 m por 570 m (la mayoría de los efectos se presentó en un área más pequeña, de 400 m por 300 m). Los jueces sobrevivieron, pero 7 infortunados residentes fallecieron como resultado del ataque, hubo otros 54 que requirieron hospitalización y 253 personas buscaron atención médica en consulta externa. Ante la ausencia de la identificación formal de la sustancia tóxica, los médicos sólo pudieron apoyarse en sus observaciones clínicas para orientar el tratamiento, las cuales coincidían con intoxicación por organofosforados. El 4 de julio, el informe oficial reveló que la causa de la intoxicación había sido el sarín, un agente de la guerra química, el cual se había identificado por cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC - MS) en un espécimen acuático obtenido de un estanque del área afectada. Nada de la evidencia hallada en ese momento incriminaba a Aum Shinrikyo.

El incidente de Tokio

Las autoridades japonesas estaban recolectando cada vez más evidencia en torno al interés de Aum Shinrikyo en las armas químicas. Irónicamente, habían sido incapaces de impedir la adquisición o la producción de armas químicas, puesto que tales actividades no eran ilegales en ese momento. El pretexto para una redada en la planta de producción bajo sospecha se presentó cuando se estableció una relación entre un miembro de Aum y un supuesto secuestro, pero los miembros del culto que trabajaban en los organismos oficiales alertaron a Asahara sobre la inminente redada, para la cual se estaba entrenando a la policía en defensas químicas. En un aparente intento de disuadir a la policía de la ejecución de la redada, se preparó afanosamente un ataque al sistema de metro de Tokio. En la mañana del 20 de marzo de 1995, cinco equipos compuestos por un conductor para facilitar la huida y un supuesto pasajero del metro cada uno, llevaron a cabo el ataque. Cuatro de estos pasajeros llevaban dos bolsas plásticas de doble fondo y uno de ellos, tres, con cerca de medio litro de sarín cada una. El sarín sólo tenía una pureza de cerca de 30% porque había sido preparado apresuradamente para usarlo en el ataque. Se habían seleccionado cinco líneas del metro que convergían en la estación de Kasumigaseki (en donde están localizados muchos edificios del gobierno japonés y el Departamento Metropolitano de Policía de Tokio). Hacia las 08:00, es decir, en la hora pico de conexión, los cinco asaltantes colocaron sus bolsas plásticas llenas de sarín en el piso del tren, las perforaron con las puntas afiladas de sombrillas1 y abandonaron los vagones varias estaciones más adelante.

1 De las 11 bolsas, sólo 8 se rompieron: 3 se recuperaron intactas posteriormente. Se estima que se liberaron aproximadamente 4,5 kg de sarín.


La primera llamada de emergencia la recibieron los bomberos de Tokio a las 08:09 y, muy pronto, los servicios de urgencias se encontraban inundados de llamadas solicitando ayuda desde numerosas estaciones del metro en donde los pasajeros afectados estaban desembarcando y buscando atención médica. Se despacharon 131 ambulancias y 1.364 técnicos médicos de urgencias y 688 personas fueron transportadas al hospital por los servicios médicos de urgencias y los bomberos. Más de 4.000 personas acudieron por sus propios medios a los hospitales y a los médicos usando taxis y carros privados o a pie. La ausencia de instalaciones para descontaminación de emergencia y de equipo de protección originó una exposición secundaria del personal médico (135 trabajadores del personal de ambulancias y 110 del principal hospital de referencia reportaron síntomas).

Al haber sido informados erróneamente de que una explosión de gas había causado quemaduras e intoxicación por monóxido de carbono, los centros médicos empezaron a tratar a los pacientes para exposición a organofosforados basados en la típica sintomatología que se encontró y apoyados por los resultados de las pruebas que indicaban actividad deprimida de acetilcolinesterasa en las víctimas sintomáticas (véase el Anexo 1). El anuncio oficial de la policía de que se había identificado sarín llegó a los hospitales a través de las noticias de televisión cerca de tres horas después de la liberación del agente.

En resumen, 12 personas que usaban el metro y estaban fuertemente expuestas fallecieron y alrededor de 980 se vieron afectadas entre leve y moderadamente, mientras que 500, aproximadamente, necesitaron hospitalización. Más de 5.000 personas buscaron asistencia médica.

Observaciones

Se puede aprender mucho del análisis de estos ataques a nivel general (es decir, en términos de amenaza internacional) y a nivel específico (es decir, en términos del efecto y respuesta inmediatos).

• Magnitud del evento. Aunque las consecuencias humanas del ataque no se deben subestimar, tampoco se deben exagerar. La cifra de víctimas frecuentemente presentada de «más de 5.000» se debe ver desde su verdadera perspectiva. El ataque fue importante - 12 personas murieron, 54 sufrieron lesiones de consideración y cerca de 980 se vieron afectadas leve o moderadamente. La mayoría de los 5.000 que buscaron ayuda, muchos de ellos con síntomas psicogénicos, estaban comprensiblemente preocupados de que pudieran haber estado expuestos. Esto demuestra la importancia de la difusión rápida de la información a través de los medios de comunicación para tranquilizar al público. También muestra la importancia del triage efectivo en los centros de recepción para garantizar que los recursos médicos se orienten a aquéllos que realmente han estado expuestos. Sin embargo, antes de que este ataque se presente como ejemplo de la eficacia de los químicos tóxicos en manos de terroristas, debe compararse la cifra de 12 muertes con el número de muertos en ataques terroristas recientes con explosivos convencionales, como la bomba de las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salaam (257), el edificio federal en Oklahoma City, Estados Unidos, (168) y las barracas de los marinos de Estados Unidos en Líbano (241). Éstos, a su vez, se tendrían que considerar hoy como relativamente menores en comparación con lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, cuando aviones de pasajeros fueron estrellados contra el Pentágono en las afueras de Washington, DC, y contra cada una de las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York, matando, según se cree ahora, a más de 3.100 personas. Igualmente, se debe tener en cuenta que la cifra de víctimas del sarín pudo haber sido mucho mayor.

• La utilidad de las armas químicas para lograr objetivos terroristas. Aunque muchos informes (particularmente en los medios de comunicación) plantean que los incidentes con sarín han inaugurado una nueva y tenebrosa era en la metodología terrorista, la evaluación sobria de los resultados reales muestra algo diferente. Es cierto que, antes del 11 de septiembre de 2001, éste era uno de los actos terroristas que había recibido más publicidad. Sin embargo, el resultado para Aum Shinrikyo a duras penas se puede considerar un éxito. El objetivo inmediato del ataque era la interrupción de una redada anticipada en el local del culto y, en un plano más ambicioso, la incitación para un levantamiento social. De hecho, la redada se retardó tan sólo 48 horas, el gobierno japonés permaneció firme en el poder y la mayoría de los miembros superiores del culto se hallan actualmente en prisión.

• La facilidad para adquirir y usar armas biológicas y químicas. A pesar de los amplios recursos financieros, el equipo, la experiencia y los años dedicados a desarrollar sus armas, Aum Shinrikyo intentó pero fracasó en el uso eficiente de los agentes biológicos (7-9) y tan sólo logró un éxito limitado con su programa químico. Los aspirantes a terroristas que piensen utilizar armas químicas o biológicas deben tomar estos resultados como un elemento disuasivo y no como una voz de aliento.

• La importancia de la legislación nacional sobre armas químicas. A pesar de la evidencia abrumadora del creciente interés del culto en los agentes químicos, que comenzó mucho antes del ataque al metro de Tokio, ninguna ley japonesa prohibía sus actividades en ese momento y, por tanto, no se podía tomar ninguna acción de anticipación. Sin embargo, desde la entrada en vigencia de la CAQ en 1997, todos los Estados Miembro (incluso Japón) pueden compartir sus experiencias y estrategias de planificación a fin de hacer cumplir e implementar la legislación que prohíbe a las personas bajo la jurisdicción de sus territorios emprender alguna actividad prohibida en un Estado signatario2. Con tal legislación, se pueden emprender acciones de anticipación contra grupos terroristas que desarrollen o usen armas químicas. De manera similar, la entrada en vigencia de la CAB en 1975 ha obligado a todos los Estados signatarios (incluso Japón) a tomar las medidas necesarias para su implementación.

2 Véase también el Apéndice 5.2.


• La importancia de las capacidades de detección e identificación. En los incidentes de Tokio y Matsumoto, el personal médico tuvo que apoyarse en las observaciones clínicas para orientar el tratamiento inicial de las víctimas. Si el personal de respuesta a emergencias hubiera dispuesto de aparatos de detección, habría sido más fácil la identificación precoz de la naturaleza del evento. El proceso de seguimiento forense y legal ayudó considerablemente en la identificación por el laboratorio del sarín a través de técnicas sofisticadas de GC-MS utilizadas por los toxicólogos forenses de la policía (10). En un interesante desarrollo de nuevos métodos biomédicos de pruebas, los científicos de Holanda pudieron posteriormente recuperar sarín de muestras de sangre almacenada de 10 de las 11 víctimas del incidente de Tokio y de 2 de las 7 muestras del incidente de Matsumoto - evidencia inequívoca de exposición a sarín (11).

• La importancia de la capacidad de descontaminación y protección. Cerca de 10% del personal de las ambulancias que respondió al incidente reportó síntomas de exposición, al igual que 110 miembros del personal en el principal hospital de referencia (aunque estos síntomas fueron generalmente leves). Un factor que contribuyó fue la ausencia de instalaciones de descontaminación en el sitio y de equipo de protección para quienes respondían inicialmente y para el personal hospitalario. Antes de que esto se interprete como requisito de contar con protección de alto nivel, se debe recordar que la cifra de 10% de personas que reportaron efectos leves también significa que por lo menos 90% no se afectó en absoluto. Una conclusión razonable es que la disponibilidad del equipo de protección habría sido de beneficio considerable para quienes respondieron al incidente. Sin embargo, se requiere un enfoque basado en protección gradual según el nivel de contaminación para prevenir la inmovilización innecesaria de los socorristas como resultado de los problemas ergonómicos del uso de trajes de protección (véase el Anexo 5). El despliegue rápido de equipo de descontaminación es necesario tanto en el sitio (para evitar contaminación secundaria del transporte de urgencia) como en las instalaciones de recepción. Sin embargo, es importante recordar que la mayoría de las personas que buscaron atención médica lo hicieron por su propia iniciativa y usaron su propio transporte. Esto hubiera anulado mucha de la utilidad de los sistemas de descontaminación en el sitio, aun si hubieran estado disponibles, ya que se habrían utilizado generalmente para las víctimas tratadas en el curso de la evacuación.

• La importancia de comando, control y comunicación. Los canales de comunicación disponibles para el personal de respuesta a emergencias no pudieron arreglárselas con la cantidad de llamadas que desencadenó el ataque. En particular, la sobrecarga obstaculizó las comunicaciones efectivas entre los técnicos médicos en el sitio y los equipos médicos de emergencia en los hospitales, ya fuera para solicitar instrucciones médicas o para determinar qué hospitales podían recibir a los pacientes. Como resultado, un número de pacientes no se benefició de las intervenciones de asistencia respiratoria, intubación o terapia endovenosa sino hasta después de haber llegado al hospital. La difusión oportuna de información exacta para los socorristas es crucial para su propia seguridad y para su capacidad de suministrar la ayuda apropiada. Los sistemas preestablecidos para recurrir a los conocimientos de toxicólogos experimentados, centros de información sobre intoxicaciones y especialistas en guerra química hubieran sido de mayor ayuda en las instalaciones médicas de recepción de pacientes. Una única autoridad local responsable con la capacidad de comunicarse y de coordinar las actividades de los diversos elementos de respuesta habría sido una ventaja importante. Las formalidades complicadas y la necesidad de aprobaciones del nivel superior impidieron la rápida movilización de los especialistas en defensa química de la milicia japonesa.

• La aptitud del personal médico para manejar víctimas por químicos. La mayoría del personal de los hospitales de Tokio, al igual que el personal médico de la mayor parte del mundo, no tenía entrenamiento en el cuidado de víctimas de armas químicas y no tenía acceso inmediato a los protocolos de tratamiento adecuados. Esto no es algo que se le pueda dejar a los especialistas militares, puesto que los hospitales locales serán los primeros en recibir víctimas. La inclusión de los efectos de las armas químicas y el tratamiento de las víctimas, tanto en el currículo médico estándar como en el entrenamiento del personal de respuesta y de las unidades de accidentes y de urgencias de los hospitales locales es un componente esencial de la preparación médica para responder a los incidentes químicos.


Conclusiones

La liberación de sarín perpetrada por un grupo terrorista en Japón resultó en un incidente de mucha publicidad con víctimas masivas. En escala, sin embargo, no se aproximó al costo en vidas humanas y deterioro ambiental que se ha pagado en una serie de ataques terroristas recientes con explosivos convencionales y se queda corto ante lo sucedido en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. A pesar de las muchas dificultades, las unidades japonesas de urgencias y los hospitales locales fueron capaces de una respuesta extraordinariamente rápida, sin la cual la cifra de víctimas podría haber sido considerablemente mayor. Mientras que el análisis del evento revela varias lecciones importantes que las autoridades deben considerar cuando se estén preparando para tales incidentes, también pone de presente muchas de las dificultades técnicas asociadas con los químicos tóxicos y sus limitaciones para su uso como armas por parte de grupos terroristas.

Bibliografía

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10. Seto Y et al. Toxicological analysis of victims' blood and crime scene evidence samples in the Sarín gas attack caused by the Aum Shinrikyo cult. En: Natural and selected synthetic toxins: biological implications. Washington, DC, American Chemical Society, 2000, 318 - 332 (American Chemical Society Symposium Series, No. 745).

11. Polhuijs M, Langenberg JP, Benschop HP. New method for retrospective detection of exposure to organophosphorus anticholinesterases: application to alleged Sarín victims of Japanese terrorists. Toxicology and Applied Pharmacology, 1997, 146:156 - 161.

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