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close this bookRespuesta de la Salud Pública a las Armas Biológicas y Químicas - Guía de la WHO - Segunda Edición (OPS; 2003; 302 paginas) [EN] [RU] View the PDF document
View the documentPrefacio a la edición en español
View the documentPrólogo
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open this folder and view contents2. Evaluación de la amenaza a la salud pública
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close this folderAnexo 1: Agentes químicos
View the document1. Introducción
close this folder2. Productos químicos letales
open this folder and view contents2.1 Irritantes pulmonares
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open this folder and view contents2.3 Vesicantes
open this folder and view contents2.4 Gases nerviosos
open this folder and view contents3. Productos químicos incapacitantes
View the documentBibliografía
View the documentLecturas adicionales
open this folder and view contentsAnexo 2: Toxinas
open this folder and view contentsAnexo 3: Agentes biológicos
open this folder and view contentsAnexo 4: Principios de protección
open this folder and view contentsAnexo 5: Precauciones contra el sabotaje de agua potable, alimentos y otros productos
open this folder and view contentsAnexo 6: Fuentes de información
View the documentAnexo 7: Afiliación de los estados miembro de la OMS a los tratados internacionales sobre armas químicas y biológicas
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2. Productos químicos letales

Los productos químicos letales conocidos por haber sido convertidos en agentes para la guerra química, y también los TIC, se pueden dividir en dos grupos: (i) irritantes titulares, y (ii) venenos sistémicos. El primer grupo contiene los gases asfixiantes (irritantes pulmonares o asfixiantes) y los gases que producen ampollas (vesicantes) y el segundo, los gases nerviosos y sanguíneos.

El cloro, un asfixiante, fue el primer producto químico letal utilizado en la Primera Guerra Mundial. En la primavera de 1915, los ataques sorpresa masivos con el gas causaron miles de víctimas, ninguna de las cuales tenía ninguna protección contra el veneno en el aire. Inicialmente, los respiradores usados para proteger las tropas eran imperfectos, pero rápidamente se hicieron más sofisticados. Paralelamente con estos desarrollos en la tecnología de defensa, se dieron esfuerzos para encontrar agentes más agresivos que el cloro, al que siguió el uso generalizado de fosgeno y difosgeno. Se produjo el cianuro de hidrógeno, pero sus propiedades físicas (es más liviano que el aire) probaron que se ajustaba pobremente a los mecanismos de diseminación relativamente pequeños disponibles en ese momento. Otra tendencia era el desarrollo de sustancias como el cloropicrín, cuyas propiedades físicas y químicas le permitían penetrar los respiradores entonces disponibles. El tercero y más significativo desarrollo fue el de agentes como el gas mostaza y los vesicantes de arsénico, por ejemplo el lewisite, que lesionaba la piel penetrándola.

Entre los muchos productos químicos nuevos revisados por su potencial para la guerra química durante las décadas de 1920 y 1930 estaban el oxalato bis(triclorometil), un congénere del fosgeno, y los tetraclorodinitroetanos, congéneres del cloropicrín. Otros productos químicos examinados incluían el decafluoruro de disulfuro; varios vesicantes arsenicales; las mostazas de nitrógeno y las mostazas de azufre; los carbonilos metálicos; los compuestos de cadmio, selenio y telurio; los fluoroacetatos; los carbamatos y varios otros. Se encontró que unos pocos ofrecían ventajas para algunos fines particulares en comparación con los ya existentes y se procedió a su producción. Ninguno, sin embargo, se consideró superior al fosgeno o al gas mostaza en utilidad general y por ello estos dos agentes constituyeron el grueso de las armas químicas de reserva o almacenadas a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, tal como había sucedido a finales de la Primera.

El desarrollo más significativo en agentes letales sucedió en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania manufacturó el tabún, el primero de lo que vino a conocerse como la serie de agentes G de los gases nerviosos. Una planta piloto para producir tabún estaba en plena operación cuando empezó la guerra en septiembre de 1939. Al finalizar la guerra en 1945, se habían producido 12.000 toneladas de tabún, la mayoría ya cargado en los mecanismos de diseminación. El tabún es más tóxico y actúa más rápidamente que el fosgeno. La inhalación es la vía primaria de exposición, pero también puede causar víctimas si penetra en los ojos o en la piel, aunque se requieren mayores dosis.

El trabajo con los agentes G continuó en varios países después de la guerra. El sarín, caracterizado por vez primera en Alemania en 1938, emergió como uno de los gases nerviosos más atractivos para los fines militares. Se empezó a producir cuando se desarrollaron los métodos que resolvieron las dificultades que habían impedido su fabricación en gran escala durante la guerra. A comienzos de la década de 1950, se descubrió en un laboratorio de agroquímica el primero de los que vinieron a conocerse como agentes V. Los agentes de la serie, como el VX y el VR, son considerablemente más tóxicos que los gases nerviosos del agente G, especialmente si se absorben a través de la piel desnuda.

Durante la Guerra del Golfo de 1981 - 1988, los investigadores de las Naciones Unidas recolectaron evidencia sobre el uso del gas mostaza y los agentes nerviosos. Durante la guerra, más de 100.000 iraníes, personal militar y civil, recibieron tratamiento para los efectos agudos de las armas químicas de los iraquíes (1), y 25.000 personas fallecieron por su causa (2), número que sigue creciendo. Además, 13 años después del fin de la guerra, 34.000 de quienes habían sido afectados en forma aguda todavía estaban recibiendo tratamiento por los efectos a largo plazo de las armas (1). También existe evidencia del uso extendido de agentes bélicos químicos contra centros de población en las áreas kurdas de Irak en 1988. En particular, la tierra y otras muestras recolectadas en la vecindad del lugar de explosión se analizaron posteriormente y se encontró que contenían trazas de gas mostaza y sarín. El personal militar iraní y los civiles kurdos han sido tratados en hospitales de Europa y los Estados Unidos por lesiones del gas mostaza. Sin embargo, las encuestas de salud en las regiones kurdas han sido limitadas y el estado actual de salud de la población sigue sin determinarse (3).

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