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close this bookRespuesta de la Salud Pública a las Armas Biológicas y Químicas - Guía de la WHO - Segunda Edición (OPS; 2003; 302 paginas) [EN] [RU] View the PDF document
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View the document2.3 Aflatoxinas y otras toxinas fúngicas
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View the documentBibliografía
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View the documentAnexo 7: Afiliación de los estados miembro de la OMS a los tratados internacionales sobre armas químicas y biológicas
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2.3 Aflatoxinas y otras toxinas fúngicas

Antes de 1960, hubo poca atención sistemática a las toxinas fúngicas como causas importantes de enfermedad; la mayor parte de la literatura se ha desarrollado desde la finalización de la Convención sobre las Armas Biológicas y Toxinas. Ahora es bien conocido que algunos hongos producen una única toxina, otros pueden producir muchas y diferentes géneros de hongos pueden producir la misma micotoxina. Muchos géneros, entre ellos Acremonium, Alternaria, Aspergillus, Claviceps, Fusarium y Penicillium, producen micotoxinas. Mientras que la evidencia indica que la ingestión de pienso mohoso es la vía primaria de la micotoxicosis animal, las esporas de hongos esparcidas por el aire y las plantas particuladas infestadas/infectadas pueden también inducir enfermedad letal tanto en animales como en personas (18). El potencial de estas toxinas volátiles como armas no se ha descartado, aunque, en la información recibida en 1992 en el marco de las medidas recomendadas por la CAB para generar confianza, la Federación Rusa declaró la realización de programas de investigación y desarrollo biológico con fines ofensivos desde 1946, manifestando que «en la opinión de los expertos, las micotoxinas no tienen trascendencia militar» (19).

No obstante, dos categorías de micotoxinas se han considerado como agentes bélicos, a saber, las aflatoxinas y los tricotecenos, que se considerarán aquí someramente. La Comisión Especial de las Naciones Unidas (United Nations Special Commission, UNSCOM) en Irak mencionó el posible uso como arma de una aflatoxina en su informe sinóptico de enero de 1999, afirmando que la «pregunta sigue abierta en relación con los objetivos y las razones de la selección de la aflatoxina como un agente». Sin embargo, continuó y reportó que un documento iraquí «se refiere a los requisitos militares para producir cáncer hepático usando aflatoxinas y la eficacia contra blancos militares y civiles» (20). Se argumentó el uso de los tricotecenos como armas («lluvia amarilla») en Kampuchea y Laos durante 1975 - 1984, lo cual fue posteriormente desvirtuado (21).

La aflatoxicosis en humanos se asocia con el consumo de aflatoxina de comida contaminada con el hongo Aspergillus flavus. Un número de aflatoxinas con un rango de potencia (B1 > G1 > B2 > G2) son producidas por Aspergillus y las proporciones relativas dependen de la especie del hongo. Los síntomas asociados con la aflatoxicosis son ictericia, fiebre, ascitis, edema de los pies y vómito. En 397 pacientes que se calculó habían consumido 2 a 6 mg de aflatoxina diariamente durante un mes, se presentaron 106 muertes. También se presentaron muertes después de la ingestión calculada de 12 mg/kg de aflatoxina B1. Los seguimientos a cinco años de sobrevivientes de intoxicación aguda (incluso con biopsias de hígado) mostraron una recuperación casi completa. La principal preocupación con la aflatoxina (particularmente B1) es la posibilidad del cáncer hepático asociada con el consumo crónico de comida con moho.

La química y el metabolismo de las aflatoxinas están bien descritos. La aflatoxina B1 es metabolizada por los sistemas microsómicos a un rango de metabolitos. El metabolito activo se supone que sea el 8-9 epóxido de la aflatoxina B1. La inactivación depende de la conjugación del glutatión y la susceptibilidad a la intoxicación aguda depende de la actividad de la enzima glutatión-S-transferasa. El epóxido B1 se une en forma covalente a un rango de proteínas que tienen tanto actividades estructurales como enzimáticas. La fosforilación de las proteínas también se altera con la aflatoxina B1. Todas las aflatoxinas son genotóxicas (22, 23).

Las micotoxinas tricoteceno son un grupo de toxinas relacionadas estructuralmente, producidas por el hongo Fusarium que se encuentra en muchas cosechas y también por otros géneros de hongos como Stachybotrys. Son sesquiterpenoides de bajo peso molecular, en el rango de 250 a 550 Da.

Dos de las toxinas mejor conocidas son la T-2 y la deoxinivalenol (o vomitoxina). Los síntomas causados por las toxinas son de rango amplio e incluyen vómito, diarrea, ataxia y hemorragias. Las toxinas son inmunosupresores e inhiben la síntesis de proteínas a nivel ribosómico. Se unen a la subunidad 60S de los ribosomas de eucariotes y alteran la actividad de la peptidil transferasa. La inhibición de la actividad de la enzima depende de la estructura de la toxina y resulta en una falla de la iniciación o elongación de la cadena polipeptídica. La toxicidad de las toxinas en sistemas de prueba in vitro varía en una magnitud hasta de cuatro veces (24).

En animales, la toxicidad de la T-2 depende en gran medida de la especie. Induce el vómito en gatos después de dosis orales de 0,1 a 0,2 mg/kg. Los cobayos no se ven afectados con 0,75 mg/kg por día en la dieta, pero desarrollan irritación y ulceración del intestino con 2,5 mg/kg por día. Se observa inmunosupresión en micos Rhesus con 0,5 mg/kg y en ratones con 20 mg/kg. La DL50 en ratones después de la aplicación intraperitoneal se reporta que es de 5,2 mg/kg (16). La toxicidad de los tricotecenos en comparación con otras toxinas es, por tanto, relativamente baja. Son, sin embargo, inusuales entre las toxinas por su capacidad para lesionar piel y causan dolor en la piel, prurito, vesículas, necrosis y descamación de la epidermis.

El Comité Conjunto FAO/OMS de Expertos en Aditivos para Alimentos (Joint FAO/WHO Expert Committee on Food Additives) evaluó la seguridad de las aflatoxinas y los tricotecenos en los alimentos en su 56a reunión de febrero de 2001 (25).

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