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close this bookRespuesta de la Salud Pública a las Armas Biológicas y Químicas - Guía de la WHO - Segunda Edición (OPS; 2003; 302 paginas) [EN] [RU] View the PDF document
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View the documentPrólogo
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View the documentResumen ejecutivo
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open this folder and view contentsAnexo 4: Principios de protección
open this folder and view contentsAnexo 5: Precauciones contra el sabotaje de agua potable, alimentos y otros productos
open this folder and view contentsAnexo 6: Fuentes de información
View the documentAnexo 7: Afiliación de los estados miembro de la OMS a los tratados internacionales sobre armas químicas y biológicas
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Resumen ejecutivo

El desarrollo, la producción y el uso de armas biológicas y químicas están prohibidos por tratados internacionales suscritos por la mayoría de los Estados Miembro de la OMS, a saber el Protocolo de Ginebra de 1925, la Convención sobre Armas Biológicas y Toxinas de 1972 y la Convención sobre Armas Químicas de 1993. Sin embargo, no todos los países han firmado estos tratados y persisten preocupaciones válidas de que algunos pudieran todavía usar armas de esa naturaleza. Más aún, entidades no estatales podrían tratar de obtenerlas con fines terroristas u otros propósitos criminales.

De hecho, las armas biológicas y químicas se han utilizado tan sólo en raras ocasiones. Su desarrollo, producción y uso implica numerosas dificultades y representa serios riesgos para aquéllos que las adquieran o las utilicen. Esto se aplica particularmente a las armas biológicas. Aun así, la magnitud de los posibles efectos de su uso o amenaza de uso sobre la población civil obliga a los gobiernos a prevenir tal uso y a preparar planes de respuesta como parte integral de los planes nacionales de emergencia y de salud pública existentes.

Las nuevas tecnologías pueden contribuir sustancialmente a tales planes, como es evidente, por ejemplo, por la disponibilidad creciente de métodos relativamente simples y sólidos para el diagnóstico rápido y específico por el laboratorio basados en el ADN y en otros métodos moleculares, que hoy se usan ampliamente en la vigilancia, la prevención y el tratamiento de enfermedades naturales.

Cada país, a la luz de sus circunstancias particulares, y después de evaluar las probabilidades de un ataque en su contra con armas biológicas o químicas y sopesar las necesidades existentes en los servicios sanitarios y de emergencias en general, deberá establecer la envergadura de sus requerimientos de personal especializado, equipos y reservas de medicamentos.

No se puede desestimar el peligro de que una evaluación demasiado optimista de la preparación con que se cuenta lleve a subestimar la importancia de la prevención permanente a través de, por ejemplo, la implementación total de las Convenciones de 1972 y 1993.

Las dos Convenciones incluyen la provisión de asistencia en el caso de un ataque o de una amenaza de ataque. La Organización para la Prohibición de Armas Químicas (Organisation for the Prohibition of Chemical Weapons, OPCW), que es la autoridad internacional para la Convención de 1993, está haciendo preparativos prácticos para prestar tal ayuda si se usan armas químicas o se amenaza con su utilización. Hasta el momento, sin embargo, no existe una organización similar para las armas biológicas, aunque la OMS, entre otras, puede brindar alguna ayuda a sus Estados Miembro.

Cada uno de estos temas se discute en detalle en la parte principal del presente informe, que hace las siguientes recomendaciones prácticas:

1) Las autoridades de salud pública, en estrecha colaboración con otros estamentos gubernamentales, deben diseñar planes de contingencia para enfrentar una liberación intencional de agentes biológicos o químicos con el ánimo de causar daño a la población civil. Estos planes deben integrarse con los existentes para brotes de enfermedades, desastres naturales, accidentes industriales a gran escala o accidentes de tránsito, e incidentes terroristas. De acuerdo con la resolución WHA55.16 de la Asamblea Mundial de la Salud, adoptada en mayo de 2002, la OMS está en disposición de brindar el apoyo técnico para los Estados Miembro para desarrollar o fortalecer la preparación y la respuesta ante el uso deliberado de agentes biológicos y químicos para causar daño.

2) La preparación para enfrentar la liberación intencional de agentes biológicos o químicos se debe basar en los principios estándar de análisis de riesgos, comenzando con la evaluación del riesgo que determine su prioridad relativa en comparación con otros peligros para la salud pública en el país comprometido. Es mejor incorporar las consideraciones para enfrentar liberaciones intencionales en las infraestructuras de salud pública existentes, en lugar de desarrollar infraestructuras por separado.

3) La preparación para enfrentar la liberación intencional de agentes biológicos o químicos se puede aumentar considerablemente en la mayoría de países con el fortalecimiento de la infraestructura de salud pública y, especialmente, la vigilancia y la respuesta en salud pública, por lo que se deben tomar medidas para tal fin.

4) El manejo de las consecuencias de una liberación intencional de agentes biológicos o químicos puede exigir más recursos de los que están disponibles y, entonces, la ayuda internacional sería esencial. Las fuentes de tal ayuda se encuentran disponibles y se deben identificar.

5) Especial atención merece la ayuda internacional disponible para todos los países que son Estados Miembro de organizaciones especializadas como la OPCW (por ejemplo, en casos del uso o amenaza de utilización de armas químicas y para la planificación de la preparación), y para los Estados signatarios de la Convención sobre Armas Biológicas y Toxinas de 1972 (por ejemplo, en los casos de violación del tratado). Los países deben participar activamente en estas plataformas multilaterales.

6) Con la entrada en vigencia de las Convenciones de 1972 y 1993 y el número creciente de estados que se han inscrito en ellas, se han dado grandes pasos hacia "la proscripción del desarrollo y la utilización, en todas las circunstancias, de agentes químicos y biológicos como armas de guerra", como se estipulaba en la edición de 1970 del presente informe. Sin embargo, a medida que el mundo avanza aún más en la nueva era de la biotecnología, se les recuerda a los Estados Miembro que los principales hallazgos tecnológicos del pasado se han venido aprovechando intensivamente, no sólo para fines pacíficos, sino también para fines hostiles. La prevención de la explotación hostil de la biotecnología, por tanto, trasciende los intereses de seguridad de los estados individuales y plantea un reto para la humanidad en general. Todos los Estados Miembro deben, por consiguiente, implementar completamente y en forma transparente las dos Convenciones y difundir a través de la educación y la capacitación profesional, los principios éticos que sustentan las Convenciones, así como apoyar las medidas que sirvan para su implementación.


La afirmación planteada por la Asamblea Mundial de la Salud en la resolución WHA20.54 del 25 de mayo de 1967, de que "los logros científicos, especialmente en el campo de la biología y la medicina - la más humana de las ciencias -, se deben usar únicamente para el beneficio de la humanidad, mas nunca para causarle daño" sigue siendo tan válida hoy como lo fue entonces.

 

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