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close this bookSerie Salud Ambiental y Desastres, No. 1 - Gestión de Residuos Sólidos en Situaciones de Desastre (OPS; 2003; 103 paginas) View the PDF document
View the documentReconocimientos
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View the documentCapítulo 1. Introducción
open this folder and view contentsCapítulo 2. Manejo de residuos sólidos
open this folder and view contentsCapítulo 3. Aspectos de gestión para el manejo de residuos sólidos en situaciones de desastre
open this folder and view contentsCapítulo 4. Manejo de residuos sólidos domésticos después de un desastre natural
open this folder and view contentsCapítulo 5. Manejo de escombros y restos de demolición
open this folder and view contentsCapítulo 6. Manejo de residuos sólidos peligrosos en situaciones de desastre
open this folder and view contentsCapítulo 7. Aspectos complementarios
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View the documentAnexo A. Manejo de cadáveres después de un desastre natural
View the documentAnexo B. Ejemplos de métodos para el cálculo de generación de escombros después de un desastre natural
View the documentAnexo C. Estudio de caso: terremoto de armenia, Colombia*
View the documentAnexo D. Estudio de caso: erupción del volcán Reventador, Ecuador*
View the documentAnexo E. Estudio de caso: aludes torrenciales en la costa central de Venezuela*
View the documentAnexo F. Estudio de caso: incendio forestal de Oakland*
View the documentAnexo G. Estudio de caso: las inundaciones del Midwest de Estados Unidos*
View the documentAnexo H. Esquemas de alternativas para el reciclaje de residuos de construcción y demolición
View the documentAnexo I. Modelos de formatos
View the documentAnexo J. Selección de páginas web sobre desastres
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Anexo A. Manejo de cadáveres después de un desastre natural

Cadáveres humanos

Con la excepción de las muertes por epidemias, los riesgos asociados a la presencia de cadáveres en caso de desastres son mínimos, especialmente si las muertes se produjeron por lesiones graves, traumas o causas similares, lo que reduce la posibilidad de que se propaguen enfermedades infecciosas.

Los cadáveres representan siempre un delicado problema social, psicológico y cultural, agravado cuando los restos humanos se presentan en gran cantidad. Antes de su enterramiento o incineración, los cuerpos deberán ser identificados y registrados, para lo cual se tomará toda la información necesaria (ubicación del cadáver, información de parientes y vecinos). Ocasionalmente se requerirán autopsias. Siempre deberán tomarse en cuenta los aspectos culturales y legales asociados.

Se deberá evitar el uso de fosas comunes31, ya que por principio se debe conceder a las víctimas una identificación y entierro apropiados. No es solo que existe la necesidad legal y social de identificar a los cadáveres sino que también se debe brindar apoyo moral a los familiares. La angustia de los sobrevivientes ante una catástrofe natural es similar a la de los familiares de desaparecidos en guerras o masacres. Por ello debe desterrarse el mito de que la presencia de cadáveres es un grave problema de salubridad, que a veces promueve el uso precipitado de las fosas comunes; por el contrario, el manejo apropiado de los cuerpos después de los desastres naturales es más bien una cuestión de bienestar mental colectivo, de ética y de dignidad humana32.

31 Ministerio de Salud Pública de Cuba. Salud ambiental con posterioridad a desastres. Cuba, 1998, p. 19.

32 OPS/Programa de Preparativos para Situaciones de Emergencia y Coordinación del Socorro en Casos de Desastre. Desastres: preparativos y mitigación en las Américas, Boletín 80. Washington, D.C., 2000, pp. 1 y 7.


De cualquier forma, el manejo de cadáveres debe ser rápido, con el fin de evitar su descomposición al aire libre y la generación de malos olores. Se deben seguir las normas legales de cada país respecto al reconocimiento y entrega de los cuerpos a familiares y buscar soluciones inmediatas para casos particulares (véase el recuadro en la izquierda). Es recomendable que los cadáveres no se acumulen por más de dos días, a menos que se conserven en lugares apropiados como cámaras frías o similares. En el caso de que se requiera mantener los cadáveres por más tiempo y no se cuente con cámaras, se debe buscar locales fríos, ventilados y de acceso restringido.

Aspectos legales para el manejo de cadáveres

El Instituto de Medicina Legal Doctor Roberto Masferrer, del Ministerio de Justicia, fue el encargado de coordinar el proceso de reconocimiento y entrega de los cadáveres a los familiares de las víctimas en El Salvador, después de los terremotos del 2001. Debido a que el 13 de enero era sábado (día no laborable), el personal se presentó tan pronto tuvo noticias de la situación y a las 14.00 inició las actividades de reconocimiento de cadáveres en las diversas dependencias departamentales de dicho Instituto, en las cinco regiones: Metropolitana de San Salvador, Central, Paracentral, Occidental y Oriental; así como en las sub-delegaciones de Santa Tecla, San Miguel y San Vicente. El personal se movilizó por vía terrestre a aquellos lugares donde había un gran número de fallecidos y la población no tenía la capacidad de llevarlos hasta las dependencias del Instituto para su reconocimiento. Los grupos de trabajo estaban constituidos por fotógrafos forenses, médicos forenses y odontólogos. La Fiscalía tenía la responsabilidad de legalizar las defunciones una vez que el Instituto de Medicina Legal expedía la boleta de reconocimiento. En los lugares en que el personal no podía llegar por vía terrestre, la Fiscalía autorizó a la Policía Nacional Civil para que, con el apoyo de la población, realizara la identificación de los cadáveres y elaborara la boleta de reconocimiento. Las actas de defunción eran otorgadas por las alcaldías. En la mayoría de las poblaciones, los centros para identificar los cadáveres se ubicaron en lugares abiertos dentro de la comunidad.

Fuente: OPS. Crónicas de Desastres: Terremotos en El Salvador 2001. Washington D. C., 2002.

Los sitios más recomendables para la atención de gran cantidad de personas fallecidas son los coliseos deportivos o canchas múltiples cubiertas porque permiten albergar un buen número de cuerpos33. De no contarse con un coliseo o si este no es suficiente para albergar una alta cifra de cadáveres, puede optarse por una cancha de fútbol en la cual se puedan instalar grandes carpas para colocar los cuerpos bajo techo. Si los cadáveres están expuestos al sol, se acelera su descomposición y se dificulta la tarea de identificación. Es importante que los lugares escogidos dispongan de agua, luz y de una buena planta eléctrica. En el caso de Armenia, se utilizó el coliseo de la Universidad del Quindío. Esta instalación contaba con un espacio suficiente que permitió la adecuación de las diferentes salas y secciones para atender correctamente las actividades tanto de identificación y manejo de cadáveres como la atención de los familiares. Se contó con equipos de video-grabación y computadoras que facilitaron la labor de identificación de las víctimas e hicieron menos traumático su reconocimiento. Los deudos también contaron con una Unidad Móvil de Salud Mental.

33 Dirección General para la Atención y Prevención de Desastres de Colombia. Sala de Atención a Personas Fallecidas en Desastres en Masa. Manual Guía para su Implementación. Bogotá.


Es preferible hacer el enterramiento, de haber áreas disponibles, en lugares relativamente alejados y de preferencia en zonas no inundables. Este es considerado el método más efectivo, socialmente aceptable y físicamente posible. En los casos en que las condiciones obligan a sepultar rápidamente a los cadáveres, se recomienda el enterramiento individual. Las tumbas deberán por lo menos numerarse y ser señaladas con los datos disponibles. Se guardarán estos datos para investigaciones futuras. En ningún caso es conveniente utilizar las fuentes y corrientes hídricas como sitio de disposición de cadáveres humanos y de animales por diferentes motivos: protección de la salud pública, contaminación del ambiente y protección y conservación del recurso natural.

En la región de América Latina y el Caribe la cremación no es una alternativa común y será considerada como última opción. Esta práctica demanda un alto costo de combustible.

Ocasionalmente, se presentan casos en los cuales entre los escombros se hallan partes de restos humanos. Estos deben ser dispuestos en la fosa común del cementerio más cercano (si se considera que es imposible la identificación). De no haber cementerio, se hará una fosa y se efectuarán entierros por capas. Los restos se cubrirán con cal cada metro de altura; incluso si se trata de una fosa de menos de un metro de profundidad, se colocará una capa de cal antes de la cobertura final con tierra.

Deberá tomarse en cuenta, finalmente, que a veces un desastre natural puede ocasionar que los restos humanos queden desenterrados. Aunque ello no representa un grave problema de enfermedades transmisibles, tiene repercusiones psicológicas y sociales que deben contrarrestarse para calmar a la población.

Para evitar la propagación de enfermedades entre el personal que manipula los cadáveres, los trabajadores deberán lavarse las manos con jabón frecuentemente y utilizar desinfectantes, además de las prácticas habituales de higiene en la atención sanitaria (el uso de mascarillas para polvo, por ejemplo, aunque es de gran impacto visual, no constituye una ayuda en cuanto a la transmisión de enfermedades). Será necesario también desinfectar los objetos personales de las víctimas antes de que sean devueltos a sus familiares.

Animales muertos

La eliminación de cadáveres de animales puede ser una tarea de grandes proporciones en algunos tipos de desastres; en especial, en las inundaciones. El enterramiento puede ser lento y laborioso. Por ejemplo, para el cuerpo de un caballo muerto, se necesita una fosa de 3 metros de profundidad. Cuando hay muchos cadáveres, es muy difícil enterrarlos todos, a menos que se disponga de maquinaria pesada para la excavación.

Es factible quemar animales pequeños, como gatos y perros, pero resulta difícil hacer esto con cadáveres más grandes. Debe emplearse un método combinado de enterramiento e incineración; será preferible enterrar los órganos internos y quemar las carcasas, con ayuda de combustible.

Conviene centralizar las operaciones en cementerios animales debidamente situados y rociar con querosene (o querosén) o petróleo crudo los cadáveres aún no enterrados para protegerlos de las aves de rapiña.

41 Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala. Saneamiento ambiental en casos de desastre. 1998. Anexo 2, p. 4.

 

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